El día que tomamos el Calderón

Escrito el miércoles, 30 de mayo de 2012 ·

Para la historia pasará como la primera vez que el Mallorca derrotó al Atlético de Madrid en su estadio. Ese 24 de noviembre de 1982 el Mallorca de Lucien Müller se presentaba en el Vicente Calderón para disputar el partido de ida de la cuarta eliminatoria de la Copa del Rey después de haber cosechado dos mediocres empates ligueros consecutivos frente al Recreativo de Huelva y al Linares. Aunque en la previa nadie daba nada por perdido, con declaraciones típicas y tópicas tales como "la eliminatoria hay que jugarla y puede pasar cualquier cosa", lo cierto es que el Atlético de Madrid de Luis Aragonés era el único favorito para superar la eliminatoria. Superación que pasaba por una cómoda victoria como local. La máxima preocupación de el Sabio de Hortaleza estaba en su línea defensiva, en la que iba a probar a Mirko Votava como líbero tras sus flojas actuaciones como centrocampista en el inicio de temporada. El Mallorca se presentaba con su once de lujo, en una época en la que aún no se había inventado la palabra rotación, o, al menos, no se aplicaba al mundo del fútbol. Müller puso en liza a Tirapu (que a punto estuvo de perderse el partido al ser sancionado por el club por hacer gestos despectivos hacia la grada - su propia grada-), Juanito Pérez, Zuviría, Gallardo, Sabido, Dacosta, López, Delgado, Riado (Juanito López m. 75), Melchor (Barrachina m. 49) y Barrera. Luis Aragonés, por su parte, salió con Pereira, Marcelino, Votava, Ruiz, Quique, Julio Prieto (Manolo m. 66), Landáburu, Mínguez, Pedraza, Hugo Sánchez y Rubio. El Atlético de Madrid venía de perder 2-1 en Zaragoza el domingo anterior. Esa noche arbitró el andaluz Martín Navarrete, que pasó desapercibido y únicamente amonestó a los mallorquinistas Tirapu y a Melchor.

El partido lo planteó Lucien Müller con un férreo sistema defensivo y, contrarrestando a Luis Aragonés a base de su propia medicina, es deicr, con unos contragolpes mortales de necesidad. Así se llegó al minuto 16 en el que Ruiz falla un despeje por alto, Votava titubea como líbero y Juan Luis Riado se aprovechó para anotar el 0-1. Aprovechó el repliegue intensivo del Mallorca el Atlético de Madrid para poner cerco a la portería de Tirapu y a los 24 minutos una falta servida por Landáburu la aprovecha Quique de cabeza para establecer la igualada. Con empate se llegó al final de los primeros cuarenta y cinco minutos. En la segunda parte el Mallorca intentó tener un poco más el balón y entre López, magistral en la dirección toda la noche y Barrera, pletórico y veloz toda la noche, consiguieron en más de una ocasión llevar al susto a la gradería colchonera. Para ser exactos hasta en dos ocasiones se plantó Barrera en solitario ante Pereira pero en ninguna de las dos supo batirlo, desviando el portero la primera ocasión y disparando fuera el atacante en la segunda. Cuando los pitos arreciaban ya en la ribera del Manzanares y el público estaba coreando con olés los pases del Mallorca, Votava en el minuto 82 estrelló un balonazo en el larguero de la porteria visitante. La justicia en el marcador llegó cinco minutos después, tras ejecutar López una falta, ser cabeceada por Chechu Delgado, despejada por Pereira y remachada por un oportunista Barrera. Dicen que los pitidos con los que despidieron los 15.000 espectadores que habían desafiado al frío en el Calderón a sus jugadores podían oírse Castellana arriba. El Mallorca de Segunda División había derrotado al Atlético de Madrid en su estadio por primera vez.

El 8 de diciembre se disputó el partido de vuelta y el Mallorca derrotó en el Lluís Sitjar al Atlético de Madrid por 2-1, completando una eliminatoria perfecta. Al final el Atlético de Madrid fue tercero en la liga tras Athletic y Real Madrid y el Mallorca, que cayó en una polémica eliminatoria posterior frente al Sevilla, consiguió el histórico ascenso a Primera División.

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Sobre esto

NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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