Mallorca - F.K. Molde

Escrito el miércoles, 30 de septiembre de 2009 ·


"En Argentina esta derrota se define con una palabra: somos muy pelotudos, muy pelotudos, que en España quiere decir gilipollas, y por eso perdimos". Como Boabdil el Chico, Mario Gómez lloraba amargamente (y de paso insultaba a todo quisqui) tras el empate a uno contra el F.K. Molde que nos dejaba fuera de la Champions League de la temporada 1999/2000.

El miércoles 25 de agosto el nuevo estadio de Son Moix, que había sido inaugurado oficialmente cuatro días antes con derrota ante el Real Madrid, estaba preparado para vivir una fiesta del mallorquinismo. 18.000 espectadores esperaban que el Mallorca hiciera bueno el resultado de empate a cero obtenido en el partido de ida y, superando a los noruegos sin ningún problema en la tercera eliminatoria previa, certificara su pase a la fase de grupos de la Champions League. La baja más significativa estaba en la portería mallorquinista, en la que Germán Burgos no podría estar por no haberse recuperado de unas molestias en el gemelo que él definía así: "ayer no podía ni andar y hoy sí, aunque parezco el capitán de Moby Dick". La baja de Germán Burgos hacía que Leo Franco debutara en el primer equipo del Mallorca después de haberse pasado toda la temporada anterior alternando la suplencia de Roa con la titularidad en Segunda División con el Mallorca B. Tampoco podía contar el Mallorca con Biagini, lesionado, ni con Miguel Ángel Nadal que no había sido inscrito a tiempo para esta eliminatoria previa. Así que Mario Gómez alineó de entrada a Leo Franco, Olaizola, Fernando Niño, Siviero, Miquel Soler, Lauren, Engonga, Stankovic, Ibagaza, Carlos y Quinteros. En el minuto 60 Gabrich entró por Quinteros, en el 77 Chichi Soler por Carlos y, a la desesperada, en el 86 Diego Tristan por Engonga. Se quedaron sin participar César Gálvez, Carreras, Djokaj y Serrizuela. El árbitro italiano Stefano Braschi amonestó a Siviero, Ibagaza y Fernando Niño. Los noruegos de Erik Brastad se habían tomado el partido como un premio o unas mini-vacaciones de verano, ya que se habían desplazado a la isla con sus mujeres que, incluso, compartían habitación con los jugadores.


El Mallorca nunca llegó a cojer el hilo del partido. Empezó titubeante, con miedo y dudas y siguió así durante todo el partido. Parecía que el partido (y la eliminatoria) se encarrilaban cuando en el mintuo 21 Braschi señaló penalti por un empujón de Dos Santos sobre Carlos. Stankovic, como siempre menos en la final de Copa de 1998, no perdonó y subió al marcador el 1-0. Sin embargo el juego del Mallorca no mejoró ni yendo con ventaja en el marcador. Parece mentira, visto con la perspectiva del tiempo, que un centro del campo con Engonga, Ibagaza, Lauren y Stankovic no fueran capaces de crear juego. Ya en la segunda parte, cuando mejor estaba jugando el Mallorca, Mario Gómez se encargó, con su miedo, de facilitar la labor de los noruegos. El cambio de un delantero, Carlos, por un centrocampista, Chichi Soler, metió al Mallorca definitivamente atrás. Siete minutos después de ese cambio, Siviero se traga un balón colgado al área y Fernando Niño, en el punto de penalti, pone la mano. En la jugada consigue marcar el Molde, pero el árbitro Braschi se apiada de los bermellones y decreta penalti (y la expulsión de Niño). El delantero gigantón Lund no se apiada de Leo Franco (al que no recuerdo parando ningún penalti en toda su época como mallorquinista) y marca el empate a uno. La salida a la desesperada de Diego Tristán no arregla nada. En el minuto 94 Ibagaza lanza un córner y Leo Franco, que ha subido a rematar a la desesperada, consigue tocar el balón con la cabeza, pero va fuera. Braschi detiene el partido definitivamente en ese momento y Son Moix es un mar de lágrimas y de indignación contra Mario Gómez y los jugadores a los que despide con un sonoro grito de "fuera, fuera".

Ya en vestuarios, Mario Gómez los llama a todos pelotudos en la rueda de prensa. Antonio Asensio, propietario del Club, dice que "pecamos de conservadores, se tenía que haber ido a por un segundo gol". Vicente Engonga declara que "esto es un fracaso y debe servirnos para abrir los ojos". El entrenador del Molde dice que "es lo más grande que se ha conseguido en toda la historia del club" y "me gustaría que nos tocara el Manchester porque allí juega Solskjaer, que es muy popular en Noruega". El Mallorca, a parte del palo moral, recibió también un buen mazazo económico, pues al quedar eliminado de la Champions League perdió unos ingresos de más de 450 millones de pesetas. Ni siquiera la buena campaña que se hizo en la UEFA Cup, eliminando al Ajax o al Mónaco, sirvió para cicatrizar la herida de la eliminación.

Tal vez en el verano del 2001, al eliminar al Hajduk Split y poder participar por primera vez en la fase de grupos de la Liga de Campeones se cerrara la herida.

2 comentarios:

P.C dijo...
1 de octubre de 2009, 14:47  

Ya lo dijo Mario Gómes, en un sueño yo lovi,, que el mallorca quedaría, fuera de la champions league. ( lo cantaban en Son Moix fecas posteriores). No tenía ni los papeles en regla para entrenar. A nivel profesional es una buena cagada. Xesc quien lo fichó te acuerdas? Pep Bonet, Asensio...?

Xesc dijo...
1 de octubre de 2009, 17:04  

Después de retirarse en 1987 en Ferrocarril Oeste, Roberto Carlos Mario Gómez fue ayudante del técnico Carlos Timoteo Griguol en Ferro y en Gimnasia y Esgrima de La Plata. Luego fue asistente de Héctor Cúper en Lanús, Mallorca, Valencia e Inter. En Argentina también ha entrenado a Gimnasia y Esgrima de La Plata, Quilmes, Belgrano de Córdoba y, actualmente, Gimnasia y Esgrima de Jujuy.

Mario Gómez llegó al Mallorca por recomendación expresa de Héctor Cúper, que dejó los nombres de Carlos Griguol (su maestro) y Mario Gómez (su discípulo) a la secretaría técnica bermellona al marcharse al Valencia. Gómez ya había sustutuído a Cúper en Lanús. Tras cerrar su fichaje en Buenos Aires en el mes de junio, en un viaje al que asistieron Antonio Asensio, Mateu Alemany y Pep Bonet, fue presentado el 8 de julio de 1999. El 2 de septiembre fue inhabilitado por la Federación Española de Fútbol por no llevar 3 años como entrenador de un equipo de Primera División.

A parte de la eliminación en Champions, nos dejó la rémora de jugadores como Polo Quinteros, Serrizuela o Gabrich.

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NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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