Dramático partido en Valencia

Escrito el jueves, 5 de noviembre de 2009 ·

La temporada 1987/1988 fue para el Mallorca un desastre total. Con el vestuario convertido en un polvorín cada partido era un drama, el buen juego presupuesto a los grandes jugadores con que contaba el club no llegaba. Ni siquiera el cambio de entrenador, el darle el mando a Lucien Muller había surgido efecto. A falta de tres jornadas el Mallorca estaba prácticamente descendido, un empate a cero contra la U.D. Las Palmas en el Lluís Sitjar parecía sentenciarnos definitivamente al infierno de la Segunda División. Ese día el Mallorca dormía condenado, vice-colista junto a los canarios y con diez negativos. El calendario, no obstante, era benévolo, pues nos faltaba visitar el Sánchez Pizjuán ante un Sevilla con dos positivos pero en tierra de nadie, recibir al R.C.D. Español ya salvado y viajar a Valencia esperando que el equipo che estuviera ya fuera de peligro.

El 8 de mayo el Mallorca empató a cero en el campo del Sevilla en un partido en el que mereció la victoria y en el que el público local gritó en varias fases del mismo aquéllo tan famoso de "¡tongo! ¡tongo!". A pesar del empate el Mallorca seguía en puesto de descenso directo al acabar esa antepenúltima jornada. El sábado 14 de mayo el Mallorca derrotó por 3-0 al R.C.D. Español de Clemente, más pendiente del partido de vuelta de la final de la Copa de la UEFA del miércoles siguiente contra el Bayer Leverkusen, con goles de García Cortés, Magdaleno y Orejuela. Sin embargo, al finalizar esa jornada, la cosa (como se puede ver en la imagen de abajo) estaba más complicada todavía. La derrota del Valencia en Sabadell hacía que estos aún pudieran disputar la promoción de descenso si no puntuaban ante el Mallorca y se daban una serie de carambolas. Y el Mallorca necesitaba la victoria en el Luis Casanova y ni aún así era fijo que no descendiera. Dependíamos, además, de un tropiezo de la U.D. Las Palmas o del C.E. Sabadell.

Las peñas fletaron un barco y tres vuelos chárter, y unos mil peñistas (uno de ellos, yo) se apuntaron. De entre todas las combinaciones posibles solo había una que salvara al Mallorca de descenso directo y promoción y era ganar por dos goles al Valencia, que el Murcia perdiera por tres, que Las Palmas ganara y que el Sabadell empatara. Así de complicadas estaban las cosas. Bernal y Bonet fueron baja por acumulación de amonestaciones y Lema e Izquierdo por decisión técnica. Así pues, después de una noche bastante movidita y larga en Gandía (el viaje iba con noche de hotel y vuelta tras el partido), ese domingo 22 de mayo de 1988, desde el fondo sur del Luis Casanova, me dispuse a ver el partido en el que Lucien Muller alineó de entrada a Ezaki, Chano, Luis García, Julio Llorente, García Cortés, Orejuela, Nadal, Pep Bonet, Álvaro, Magdaleno e Higuera. En el minuto 69 Trobiani sustituyó a Higuera. El árbitro, Soriano Aladrén, estuvo condescendiente con el juego violento de ambos equipos dada la trascendencia del partido y de los puntos. Se adelantó el Mallorca con gol de Nadal en el minuto 17 al aprovechar un barullo en el área tras un córner lanzado por Álvaro y empató el Valencia en el 16 de la segunda parte por mediación de Fenoll. Tras el gol de Nadal el Valencia se había metido en zona de promoción, pero otros resultados favorecieron que incluso perdiendo estuviera fuera de peligro. Las derrotas del Sabadell y de Las Palmas hacían que un punto le bastara también al Mallorca para disputar la promoción y no hundirse en Segunda inmediatamente. Y aunque un segundo gol del Valencia nos habría mandado a Segunda, los locales tampoco se implicaron demasiado en lograrlo ya que con el empate les bastaba para salvarse, a parte de las pocas ideas ofensivas que mostraron durante todo el partido.

El fondo sur del Luis Casanova fue un hervidero durante toda la tarde, en la primera parte las únicas voces que se oían en el estadio eran las del fondo mallorquinista. En la segunda parte, aún no sé cómo, con la anuencia de la policía, algunos seguidores ultras del Valencia, los Yomus, se cambiaron de fondo y hubo momentos de gran tensión en la grada. A la salida del estadio hubo carreras, con la policía montada actuando a diestro y siniestro y poco pudimos disfrutar del empate y de la salvación momentánea hasta llegar al barco. En esos momentos de euforia poco imaginábamos que a penas dos semanas después estaríamos en Segunda División gracias al Oviedo.

1 comentarios:

shevek dijo...
5 de noviembre de 2009, 23:32  

Impresionante, yo también fui en barco y también pasé una noche curiosa en Denia (recuerdo una discoteca que se llamaba Bacarrá o algo así)

Y sobre todo recuerdo a los malnacidos de los Yomus, sin venir a cuento nos hicieron una encerrona que hubiera podido acabar muy mal.

15 días después me llevé la decepción más grande como mallorquinista, pero eso es otra historia...

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NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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