El gol de Diego

Escrito el martes, 24 de noviembre de 2009 ·

No me refiero a ningún gol de Diego Armando Maradona contra el Mallorca ni de Diego Tristán (aunque su gol en el Amsterdam Arena igual vale un post), es otra historia. El domingo 22 de octubre de 1995 se disputaba la octava jornada del camponato de Segunda División y el Mallorca, que pese a que no acababa de arrancar en casa donde en tres partidos disputados ya había empatado uno y perdido otro ocupaba el cuarto lugar de la tabla clasificatoria, recibía la visita de la U.D. Almería. El entrenador del Mallorca, José Antonio Irulegui empezaba a ser cuestionado por el Presidente Beltrán y no se tenía mucha fe en que supiera conducir el Ferrari que le habían puesto a su disposición. Tozudo en sus primeras alineaciones, poco a poco fue encontrando acomodo para algunos de los jugadores que había fichado Beltrán casi el último día de plazo. Semanas antes había salvado un primer match-ball derrotando por 1-3 al Villarreal, pero no iba a durar mucho más como inquilino del banquillo mallorquinista.

Como decía, ese domingo, ante unos nueve mil expectantes espectadores que no sabían si aplaudir o si decepcionarse ante el enésimo proyecto desmoronándose, Irulegui alineó de entrada a Kike, Olaizola, Julián Ronda, Limperger, Sacarés, David, Kientz, Soler, Maqueda, Vidal y Huegún. Muy pronto, en el minuto 13, Huegún se produjo una herida en la boca y tuvo que ser sustituído por José María, en el minuto 73 el sudafricano Fortune sustituyó a Vidal. Hablan las crónicas de una primera parte horrible, y así fue, para qué negarlo. Ni siquiera yo logro recordar ni una jugada de esa primera parte digna de mención. En la reanudación Maqueda y Kientz tuvieron las mejores oportunidades, pero el acoso local resultaba estéril ante la meta del guardameta almeriense Julio Iglesias.

El árbitro del encuentro era el aragonés Villacampa Duque y, si bien su actuación estaba pasando desapercibida (como el partido en general), al llegar a los últimos cinco minutos empezó el show. En el 85 se produce un penalti clarísimo sobre Fortune que el árbitro no pita y, en el contragolpe siguiente, el delantero almeriense Diego se planta ante Kike en la portería del gol norte del Lluís Sitjar, lo regatea hacia afuera, hacia la tribuna cubierta, pero golpea el balón demasiado fuerte en su intento de superar al portero y este sale un metro por la línea de fondo. Kike Burgos se queda parado esperando a que el árbitro pite señalando el correspondiente saque de meta y Diego, viendo que el árbitro no pita, regresa al campo con el balón, sigue su carrera remontando unos metros la línea de fondo y marca a portería vacía. La incredulidad es total cuando Villacampa Duque, "ayudado" por su juez de línea (en aquél entonces aún no eran árbitros asistentes), decretan la legalidad del gol. Las consiguientes protestas solo trajeron una retahíla de tarjetas amarillas para los jugadores bermellones. Al día siguiente, una vez digerida la jugada, Irulegui declaraba que "ayer estaba cabreadísimo y hoy no va a ser menos", "no nos pitó tres penaltis y además dio un gol que, cuando lo haya visto por televisión no debe esperar a que le sancionen sino que debe autocastigarse". Con ese "savoir faire" en los terrenos de juego no es raro que Villacampa Duque terminara haciendo carrera en la política y que, en la actualidad, sea uno de los concejales del P.P. del Ayuntamiento de Huesca.

Ese mismo miércoles el Mallorca y el Valencia de Luis Aragonés (muy famosas y sangrantes unas frases suyas dirigidas durante esa eliminatoria hacia el árbitro captadas por una emisora de radio y que dan para otro post) empataron a cero en partido de Copa del Rey, el domingo siguiente el Mallorca perdió por 3-2 en el campo del Leganés y José Antonio Irulegui fue cesado el lunes por la noche después de que hubiera estado todo el día ilocalizable, de excursión por Formentor.

Más triste es pensar que, con ese punto que nos robaron, el Mallorca habría terminado la competición con 70 puntos, habiendo adelantado al Logroñés en la tabla clasificatoria por un punto y ascendido a Primera División directamente, mientras que el Almería se habría salvado igualmente a pesar de haber acabado empatado a 42 puntos con el Sestao por superarle en el golaverage particular.

1 comentarios:

Gontxo dijo...
24 de noviembre de 2009, 22:48  

Recuerdo perfectamente ese gol. Salió por muchisimo y Kike esperaba que el delantero le diese la pelota para sacar, pero el tio tiró marco y se puso a celebrarlo. Al momento Kike salió corriendo como,loco a por arbitro o linier asombrado.

Me alegro que ese arbitro se retirase porque ese fallo y el de su linier es imperdonable.

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NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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