Esteban Fradera

Escrito el lunes, 12 de octubre de 2009 ·

Todos los seguidores del Mallorca de más de 30 años recuerdan con cariño y admiración a uno de los mejores defensas centrales que han pasado por el club decano, capitán varios años y todo un ejemplo de pundonor, honradez y profesionalidad. Nacido el 7 de mayo de 1963 en Santa Coloma de Farners (Girona), tiene el honor de haber sido uno de los primeros inquilinos de la Masia del F.C. Barcelona, puesto que el 20 de octubre de 1979 era uno de los 19 jugadores que en ella empezaron a habitar junto, entre otros, al sevillano Ángel Pedraza Lamilla, también ex-jugador mallorquinista. Así pues, trasladado de su Girona natal donde jugaba en el Farnés a la Masia (traspasado gracias a los informes emitidos por Jaume Olivé y por el que, en contraprestación, fue concertado un partido amistoso contra el Barcelona At. el 7 de junio de 1980), fue pasando por todos equipos inferiores del F.C. Barcelona, quemando etapas que dirían los entendidos, empezando en el Juvenil entrenado por Pujol la temporada 1979/1980, disputando sus partidos como local en el mítico campo de Fabra i Coast, temporada en la que disputó la final de España del campeonato de juveniles en el Vicente Calderón el 28 de junio de 1980 derrotando por 3-1 al Real Zaragoza. La temporada 1980/1981 juega de nuevo en el equipo Juvenil A del F.C. Barcelona con Quique Costas como entrenador, en un equipo del que Pedraza es el capitán. El 23 de abril de 1981 debuta con la selección española Juvenil ante Francia en el Parque de los Príncipes con victoria 1-2, con gol final y definitivo del delantero mallorquinista Sebastián "Cuqui" Nadal. Por lesión del asturiano Serrano fue convocado por Mariano Pereda para la fase de clasificación del I Torneo Euro-junior en Alemania donde España, sin perder ningún partido, fue cuarto al perder las semifinales y el partido de consolación en los penalties. Sin embargo no todo fueron malas noticias para Fradera durante esa competición ya que en el transcurso de la misma le llegó la confirmación oficial de que para la temporada 1981/1982 formaría parte de un renovado Barcelona Aficionados que, con Olivé de entrenador, aspiraba al ascenso a Segunda División B. Al mismo tiempo esa temporada aún tuvo tiempo de disputar la final del Campeonato de España de Aficionados contra el Mazarrón murciano derrotándolos en ambos partidos por 2-0 y 0-3. Tras esa temporada llena de éxitos Fradera sigue con su carrera triunfal en Ca'n Barça y llega al Barcelona At., en Segunda División A, la temporada 1982/1983. Allí se encuentra a Antoni Torres de entrenador. Sin embargo esa temporada Fradera se iba a encontrar con un inconveniente: el servicio militar, que hizo como voluntario en la Cruz Roja, que iba a cortar sus posibilidades de ser titular en Segunda División A. Sin embargo en Barcelona ya lo bautizaban como el sucesor de Migueli, algo que para él eran "palabras mayores". Al final de esa temporada el Barcelona At. consigue una holgada permanencia en Segunda División gracias, en parte, a la pareja de centrales Gratacós-Fradera. Fue confirmado por el entrenador José Luis Romero en el Barcelona At. para la temporada 1983/1984, una temporada que en lo colectivo no es muy buena y en lo individual Fradera debe pasar por el quirófano a finales de marzo para operarse de osteopatía de pubis. A final de temporada el Sabadell y el Valladolid trataron de hacerse con la cesión del gironí, pero el F.C. Barcelona tenía otro plan para él y Terry Venables se lo llevó a la pretemporada del equipo A en Andorra junto a Calderé y a Pedraza, compañeros suyos del Barcelona At. Sin embargo el fichaje de Salva y una mala actuación en el Trofeo Ramón de Carranza complicaron la participación de Fradera en la primera plantilla. Así pues el central gironí reforzaba al Barcelona At. en Segunda División siempre que no entraba en los planes de Venables, o sea, toda la temporada. Sin embargo Fradera tenía un contrato firmado hasta 1989 con lo culés y no estaba dispuesto a arrojar la toalla tan fácilmente. El 12 de octubre de 1985 viaja a Alicante convocado por primera vez para un partido oficial de liga del F.C. Barcelona pero no llega a debutar. Su debut en partido oficial fue el 30 de octubre en el partido de vuelta de la Supercopa de España contra el Atlético de Madrid en el Nou Camp. El 6 de noviembre debutó en la Copa de Europa en el estadio Das Antas de Oporto en un partido en que los azulgranas perdieron 3-1 y él jugó los últimos 15 minutos en sustitución de Calderé. Cuatro días después, el 10 de noviembre jugó los útlimos 7 minutos del partido de liga frente al Real Madrid que los culés ganaron 2-0, siendo ese su debut oficial en liga con la camiseta del F.C. Barcelona. En total esa temporada disputó 6 partidos de liga, 319 míseros minutos, no siendo alineado ni en la final de Copa del Rey perdida contra el Zaragoza ni en la final de la Copa de Europa perdida contra el Steaua. La temporada 1986/1987 va a ser su última temporada como barcelonista. Terry Venables sigue al frente del equipo y, en la mayoría de partidos, elige a Moratalla antes que a Fradera para ocupar una plaza en el centro de la defensa. Por cierto, lejos de saber Fradera que dos temporadas después recalaría en la isla, durante el Trofeo Ciudad de Palma tuvo un altercado importante con seguidores mallorquinistas que estaban esperando la salida del equipo culé del Lluís Sitjar, llegando casi a las manos. Al final de esa temporada disputó 11 partidos sin anotar ningún gol en 743 minutos de juego. En lo personal, Fradera contrajo matrimonio el 4 de julio de 1987 en su Santa Coloma de Farners natal. La temporada 1987/1988, durante el stage del F.C. Barcelona en Andorra a Fradera ya le hacían las cuentas como suplente de lujo que cumple siempre que debe salir al campo sustituyendo al titular, así que no es extraño que Fradera entrara en una primera lista de descartes dada por Terry Venables a finales de agosto, aunque días después este rectificó y calificó de intransferible al defensa gironí. La sustitución de Venables por Luis Aragonés en el mes de septiembre, llevó a Fradera a otro escenario distinto y, finalmente, debió marcharse cedido al Centre d'Esports Sabadell para proseguir su carrera deportiva, descartando las opciones del Celta, Valladolid o Betis. En esa temporada, la 1987/1988, Fradera disputó 30 partidos con los arlequinados, convirtiéndose en una pieza básica del centro de la defensa, aunque no pudiera evitar el descenso a Segunda División. Allí disputó 2.700 minutos, convirtiendo su primer gol en Primera División el 8 de mayo de 1988 en el empate a uno entre el Español y el Sabadell en Sarrià. Al final de esta temporada, con Cruyff dirigiendo ya los destinos del F.C. Barcelona, Fradera entra en la lista de descartes dada por el holandés. No le faltaron novias al gironí: Sporting de Gijón, Logroñés, Málaga y Sabadell. Finalmente por unos 30 millones de pesetas y 10 de ficha anual, Fradera firmó por 3 temporadas por los arlequinados, reservándose el F.C. Barcelona la posibilidad de repescarlo. Allí realizó otra buena temporada en Segunda División, disputando 33 partidos y anotando 1 gol en .3029 minutos de juego, y llamó la atención de varios equipos: Español, Logroñés, incluso Atlético de Madrid.

Sin embargo una portentosa negociación en Barcelona de Contestí, Coll y Estarellas permitieron obtener la cesión de Pep Serer del F.C. Barcelona y el traspaso de Fradera del C.E. Sabadell por una cantidad algo inferior a 45 millones de pesetas. Fradera, al llegar a Palma declaró que "he jugado en todos los puestos, de defensa derecho, incluso de izquierda, últimamente he jugado de central-marcador y líbero, alguna vez también he jugado en medio campo, que no es mi demarcación idónea. Yo prefiero de defensa". En los tres años que estuvo en el Mallorca en Primera División se convirtió en uno de los ídolos de la afición. Su pundonor, profesionalidad y, porque no decirlo, sus grandes capacidades defensivas prendaron a la afición del Lluís Sitjar. Era un central con una enorme capacidad de salto y que, al haber jugado de lateral en varias ocasiones, no se encontraba perdido cuando debía caer a una de las bandas a defender. Junto con Vulic y Ezaki formaron un trío mágico en el, tal vez, mejor Mallorca defensivo de la historia, tal y como certifica el ser la defensa menos goleada de Primera la temporada 1989/1990. También en su haber la final de Copa del Rey de 1991. La temporada 1991/1992, toda una serie de problemas extradeportivos ya señalados en esta página muchas veces, con la marcha de Ezaki, la salida de Vulic a final de la temporada anterior, etc. hicieron que se resintiera la defensa mallorquinista y, aunque Fradera seguía ofreciendo actuaciones personales buenas, no pudo evitar el descenso mallorquinista a Segunda División. En esos tres años con el Mallorca en Primera disputó 35, 35 y 36 partidos respectivamente, para un total de 9.329 minutos y 5 goles, convirtiéndose en el primer capitán del equipo. Miquel Dalmau lo declaró intransferible al hacerse cargo del club al inicio de la temporada 1992/1993, a pesar de recibir una importante ofertaa por él del Sevilla. No fue hasta esa temporada, ya en Segunda División que Fradera vio su primera y única tarjeta roja directa de toda su carrera profesional. Esa temporada el Mallorca había confeccionado una plantilla de garantías para el ascenso, sin embargo, a pesar de ser el equipo que mejor fútbol hizo de toda la categoría, quedó cuarto, perdiendo la fatídica promoción contra el Albacete. Ese año Fradera jugó 3.225 minutos en 36 partidos.

Al finalizar la temporada Fradera, gran capitán, abandona la nave mallorquinista para volver a Primera División y fichar por el Albacete Balompié. El club manchego abonó al Mallorca 55 millones por los traspasos de Sala, José y Fradera. Estos fichajes acarrearon cierta polémica en Mallorca, ya que semanas antes el Albacete se había enfrentado al Mallorca en la promoción de ascenso y que tres jugadores nuestros recalaran pocas fechas después allí se hizo muy sospechoso. Allí disputa dos temporadas de alto nivel, 72 partidos y más de 6.000 minutos. A principios de la temporada 1995/1996 Benito Floro, técnico albaceteño, le comunica a Fradera que mejor que se busque equipo puesto que no va a contar con él durante toda la temporada.

En el Mallorca acababa de desembarcar Bartolomé Beltrán, quien quiso asegurarse al jugador gironí y lo fichó pocos días antes del inicio de la competición. Irulegui lo hizo redebutar en el campo del Villarreal, sustituyendo al lesionado Kientz, en un partido que acabó con victoria rojilla por 1-3. Tuvo que esperar Fradera hasta el 19 de noviembre para disputar su último partido con la camiseta del Mallorca y, de paso, su último partido como profesional. Fue en el Lluís Sitjar contra el Extremadura, un partido de ingrato recuerdo que perdimos 1-2. Una lesión en el tendón de aquiles, por la que tuvo que ser operado, apartó a Fradera del fútbol profesional de forma definitiva. El Mallorca ocupó su ficha (y la de Limperger) con uno de los cientos de jugadores que trajo Beltrán en su primer mercado de invierno. Y aunque el Mallorca le reservó una ficha para la temporada siguiente si se recuperaba de su lesión, finalmente no pudo ser. Así de drásticamente terminó la vida profesional de Fradera, que a partir de ese momento se fue a vivir a Santa Coloma de Farners y solo se calzo las botas con los veteranos del F.C. Barcelona. Desde el año 1989 tiene el título de entrenador de juveniles y desde 1994 el de entrenador regional.

3 comentarios:

shevek dijo...
16 de octubre de 2009, 22:43  

Uno de mis ídolos, si la memoria no me falla, incluso llegó a jugar de portero una vez unos minutos por la expulsión del portero titular.

Xesc dijo...
17 de octubre de 2009, 13:38  

Seguramente estás pensando en el partido del 10 de mayo de 1992 en que el Mallorca recibía al Burgos en una posición crítica y Stelea fue expulsado en el minuto 86, con 1-1 en el marcador, al derribar a Balint y provocar el consiguiente penalti. Pero ese día quien se puso los guantes de portero fue Josep María Sala (Serra Ferrer ya había realizado los dos cambios), que no pudo detener el lanzamiento del propio Balint.

Lo que pasa es que Fradera, en el minuto 95, rescató un punto para el Mallorca al anotar el agónico 2-2 cuando el árbitro había expulsado un minuto antes al burgalés Tocornal por un rifi-rafe con Milojevic.

shevek dijo...
25 de octubre de 2009, 17:52  

Tienes razón, gracias por la aclaración ;-)

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Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
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2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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