El último descenso y la afrenta a nuestra afición

Escrito el miércoles, 13 de mayo de 2009 ·

Hay una cosa que sucedió en junio de 1992 que los mallorquinistas llevamos guardada en el fondo del corazón con rabia, casi con ira. La temporada 1991/1992 había sido muy mala en términos generales, del equipo que unos meses atrás había sido finalista de la Copa del Rey por primera vez en su historia nada se sabía. El Mallorca había vagado toda la temporada en el furgón de cola de la Primera División, con un pie y medio siempre en Segunda, con cambios constantes de jugadores y hasta de Presidente. Unas victorias puntuales en casa frente al Sevilla, al Deportivo y a la Real Sociedad nos habían permitido llegar a la última jornada con opciones, escasas eso sí, de conseguir la permanencia por vía de la promoción. El 8 de junio se disputaba la última jornada de liga. El Mallorca, con 25 puntos y 13 negativos, visitaba La Romareda para medirse al Real Zaragoza con la imperiosa necesidad de ganar y rezar para que un Sporting de Gijón situado en mitad de la tabla, sin jugarse nada, derrotara al Cádiz, que sumaba 27 puntos y 9 negativos pero al que le habíamos ganado los dos partidos ligueros, en el Carranza. Esa última jornada, en otro orden de cosas, en la parte alta, enfrentaba al Real Madrid contra el Tenerife y al F.C. Barcelona contra el Athletic Club.

Cumplió el Mallorca de Serra Ferrer con sus deberes (a buenas horas mangas verdes) y derrotó a un Real Zaragoza que tenía opciones de clasificarse para disputar la Copa de la UEFA por 1-2. Además lo hizo disputando el mejor partido de la temporada. El Mallorca formó ese día con Stelea, Sala, Sergi, Fradera, Serer, Stosic, Chichi Soler, Pinilla, Pedraza, Vidal y Milojevic. Hassan Nadir sustituyó a Milojevic en el minuto 85 y José a Vidal en el 89. Se adelantó el Mallorca merced a un gol de Sergi en el minuto 34, empató para el Real Zaragoza Aguado en el primer minuto de la segunda parte y Pinilla puso el gol del triunfo mallorquinista en el minuto 73. Sin embargo, en el otro partido, un gol de Tilico para el Cádiz en el minuto 42 ponía negrísimo el panorama para el club decano. Empató Monchu (años después jugador del Mallorca) para el Sporting en el minuto 58, pero cuentan las crónicas que tras el empate ambos equipos se dedicaron a sestear y a dar por bueno el empate. Así pues el Mallorca se vio condenado al descenso al abismo de la Segunda División. El mallorquinismo de luto y sin suponer que pasarían 5 años, 2 meses y 23 días hasta que Gabi Amato nos volviera a hacer disfrutar de un gol del Mallorca en Primera División.

En otro lugar de la geografía española la emoción si estaba servida. Un más que primado Tenerife derrotó al Real Madrid por 3-2, después de desperdiciar una ventaja de 0-2, lo que unido a la victoria del F.C. Barcelona por 2-0 al Athletic Club permitió al club catalán ganar el campeonato de forma impensable. Y Palma se llenó de culés. Y la rabia se apoderó de cientos de mallorquinistas como yo al ver que, lo que debería haber sido un día de luto y llanto por el descenso del Club más importante de la isla, era, sin embargo, alegría y jolgorio de casi la mitad de la población. Y tomaron nuestra fuente de las tortugas para la celebración. Y esas heridas, realmente, son las que más tardan en cicatrizar.

Afortunadamente ese es el último descenso que podemos relatar. Al menos, de momento.

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Sobre esto

NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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