El día que descubrimos al Villarreal C.F.

Escrito el martes, 17 de marzo de 2009 ·

El Mallorca, tras haber derrotado por 1-2 al Barcelona At, llegaba a la penúltima jornada del  campeonato de Segunda División de la temporada 1992/1993 en el segundo lugar de la clasificación, con un punto de ventaja sobre el Valladolid y el Rácing de Santander, por detrás del Lleida ya ascendido a Primera. El calendario era más o menos asequible, nos faltaba recibir en casa al Villarreal y visitar en la última jornada al Mérida.

El sábado 12 de junio de 1993 debía ser un día de fiesta en Mallorca. Ese día el Mallorca recibía, en partido adelantado, a un Villarreal que se estaba jugando la vida con dos puntos de ventaja sobre el descenso que marcaba el Figueres. Fuera de El Madrigal solo había ganado tres partidos en toda la liga, en los campos del Sestao, Castellón y Figueres. El Mallorca, por su parte, había firmado una gran temporada en el Lluís Sitjar, donde solo el Lleida había sido capaz de derrotarnos. La pantilla y el cuerpo técnico parecía tener ya la mente puesta en el desplazamiento, que se preveía decisivo, del fin de semana siguiente a Mérida y habían decidido sufragar el desplazamiento de aficionados con parte de su prima de ascenso. Incluso había ya un par de vuelos charters apalabrados para viajar vía Madrid y vía Badajoz. 

Bajo la batuta del colegiado José Japón Sevilla el Mallorca de Llorenç Serra Ferrer alineó ese día a Prats, Irureta, Pedraza, Villena, Fradera, Bogdanovic, Stosic, José, Gálvez, Milojevic y Luis Delgado. Tras el descanso Sacarés sustituyó a Irureta y en el minuto 61 Samper sustituyó a Bogdanovic. El Villarreal formó con Luis Pascual, Ibeas, Maestre, Guijarro, Javi, Cuxart, Edu, Reyes, Makanaki, Pascual y Alcañiz. También jugaron Mateu y Algar. El Mallorca empezó bien el partido, disponiendo de ocasiones para adelantarse en el marcador por mediación de Fradera, Stosic y José. Pero en estas llegó el fatídico minuto 33 cuando Reyes se aprovechó de un error de Irureta y Villena para marcar el 0-1 y, prácticamente, dejarnos sin el ascenso. Desde ese momento el juego del Mallorca se volvió un manojo de nervios y no pudimos en ningún momento superar el férreo sistema defensivo visitante, terminando el partido con la victoria visitante y la tremenda decepción de una parroquia local que había llenado en tres cuartas partes el Lluís Sitjar. La decepción se apoderó del Lluís Sitjar.

El zurdo jugador sevillano Antonio Reyes González, criado en la cantera del Real Betis y que había jugado en el Elche y en el Jerez Deportivo antes de recalar en el conjunto castellonense, se convirtió, desde ese partido, en el centro de las iras de los aficionados del Lluís Sitjar cada vez que lo visitó en temporadas posteriores en las filas del Mérida, hasta que finalmente se retiró en el año 1998 jugando en el Almería.

En una decisión sin precedentes la junta directiva del Mallorca, en una reunión de trece de sus miembros, acordó destituir al entrenador Llorenç Serra Ferrer a una jornada del final de la competición y darle la dirección técnica del equipo a un desconocido Jaume Bauça que era el entrenador del Arenal. Miquel Dalmau, que se había llenado la boca con frases como "nunca cesaré a Serra Ferrer" o "Serra Ferrer se irá cuando él quiera" justificó la cesión por la "mala marcha del equipo". Tomeu Llompart, que era el segundo de Serra Ferrer también fue destituido y su lugar lo ocupó Nando Pons.

El cambio de técnico, analizado con el tiempo, no tuvo efectos positivos. El Mallorca empató a cero en Mérida en la última jornada (aunque solo una carambola estrambótica en forme de victoria nuestra acompañada de las derrotas del Valladolid y del Rácing nos daba el ascenso) y nos jugamos el ascenso en una fatídica promoción contra el Albacete en la que nos sobró una parte del partido de ida. Pero eso, amigos míos, es otra historia.

1 comentarios:

romario dijo...
25 de enero de 2015, 21:00  

Yo estuve en este partido del Villarreal. ¡Como defendian! Me parecia increible que un equipo con bastantes jugadores que no tenian la apariencia de profesional, contrariamente a los del Mallorca, se impusiera. Aun lo recuerdo.

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NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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