Goran Milojevic

Escrito el jueves, 26 de marzo de 2009 ·

Permitidme hoy volver la vista hacia uno de los delanteros más queridos por la afición mallorquinista de todos los tiempos, el yugoslavo Goran Milojevic. Nacido en Arandelovac (Serbia) el 6 de diciembre de 1964 debutó en el primer equipo del Estrella Roja de Belgrado en la temporada 1982/1983 y formó parte de ese club hasta el año 1988. En el Estrella Roja marcó 8 goles en 108 partidos. En realidad, en sus inicios en Yugoslavia jugaba como centrocampista organizador y no como delantero y no consiguió la camiseta de titular con asiduidad hasta el año 1985. En 1988 fichó por el rival capitalino del Estrella Roja, el Partizán de Belgrado, pasando a formar parte de la lista negra de jugadores traidores para los seguidores del Estrella Roja. En el Partizán jugó dos temporadas, hasta el año 1990. Con el equipo cigani disputó 59 partidos anotando 15 goles. Fue luciendo la casaca del Partizán cuando debutó con la selección plavi, en concreto en un partido amistoso disputado el 14 de septiembre de 1988 contra España en Oviedo y que terminó con victoria de la Yugoslavia de Ivica Osim por 1-2, Milojevic fue titular y disputó 84 minutos en el centro del campo. Milo, tras su debut, dejó de contar para el seleccionador hasta el 27 de mayo de 1989 en la que de nuevo fue convocado para un partido amistoso a disputar en Bruselas contra Bélgica que terminó con derrota de los plavi por 1-0 y en el que jugó los 90 minutos. Fue su última aparición con la selección yugoslava.

En el verano de 1990 fue traspasado al Brest francés, un equipo que completó una buena temporada deportiva ocupando el 11º lugar clasificatorio en la Division 1 de Francia. Milojevic disputó 24 partidos anotando 3 goles. Sin embargo el Brest es descendido a la Division 2 por graves problemas económicos y Goran Milojevic es traspasado a la Segunda División española, al Mérida el 4 de septiembre de 1991 por 10 millones de pesetas. En apenas media temporada se destapó en tierras extremeñas como un gran goleador, anotando 15 goles en 18 partidos.

El 4 de febrero de 1992 el Mallorca llega a un acuerdo con el Mérida y con Goran Milojevic para cerrar su traspaso por la media temporada que queda y tres más. El Mallorca, condenado a la lucha por el descenso y que ha fichado a su compatriota Vlada Stosic (con el que había coincidido en su etapa de juvenil), procedente del Estrella Roja, una semana antes, al portero Stelea y ha conseguido también la cesión del delantero del Barcelona Antonio Pinilla, abona 60 millones de pesetas al Mérida y 130 millones al jugador por las dos temporadas y media, además de pactar la celebración de un partido amistoso en Mérida. Milojevic, que viene a cubrir el lugar dejado por el uruguayo Peter Méndez, debuta en el Mallorca el 9 de febrero de 1992 en el Vicente Calderón, en un partido que los mallorquinistas pierden por 3-0, con 3 goles de Futre y una muy discreta actuación del yugoslavo que, aún así, disputa los 90 minutos. Los 9 goles que anota en 19 partidos no bastan para que el Mallorca eluda el descenso a Segunda División, pero la afición bermellona descubre a un delantero técnico, con olfato de gol ... y un poco vago. Digamos que no era de los que se mataba detrás de un balón si veía desde un principio que no podía llegar. Los 57 goles que anota en los 109 partidos de liga que disputa durante las tres siguientes temporadas que pasa en la isla no bastan para que el Mallorca consiga el ascenso a Primera División. La prensa, poco a poco, va poniendo en tela de juicio el trabajo del serbio y se le acusa de esforzarse solo en los partidos disputados en el Lluís Sitjar, siendo una rémora en los partidos fuera de casa. En el Lluís Sitjar es el ídolo de la afición durante esas tres temporadas. En el verano de 1993 el Español intentó acceder a su fichaje, pero se topó con el precio que puso el Mallorca: 100 millones de pesetas por su goleador. Llegó un momento en que tan duras eran las críticas de la prensa local hacia él que, en julio de 1994, le pidió al Presidente Dalmau y luego anunció públicamente que quería abandonar el Mallorca al sentirse "presionado, molesto e inseguro por las constantes críticas de algunos medios de comunicación" y porque "se ha creado una atmósfera muy dura para mí. Es muy duro saber que, hagas lo que hagas, marques goles o no, tu actuación será criticada". Tal vez esas críticas de la prensa hicieron que el público del Lluís Sitjar lo idolatrara. Para el recuerdo queda la estampa de todo el fondo sur haciéndole reverencias (al más puro estilo de The Dell, antiguo campo del Southampton inglés, con su querido jugador Matthew Le Tissier) y coreando su nombre "Milo, Milo" cuando marcaba un gol. Sin embargo no fue hasta el final de la temporada 1994/1995 cuando, al finalizar su contrato se marchó al Celta de Vigo, equipo de Primera División. Su último partido como mallorquinista fue el 18 de junio de 1995 en un Mallorca - 6 Bilbao Ath. - 2 que cerraba la temporada y, en su despedida del Lluís Sitjar, obsequió a los aficionados con 4 dianas.

En el verano de 1995 recala en el conjunto vigués junto al guardameta Toni Prats. Club por el que firma contrato para las dos siguientes temporadas. En Vigo disputa 25 partidos anotando 6 goles, reeditando la dupla atacante que había formado en el Mallorca la temporada 1993/1994 con Juan Sánchez. Le cuesta tanto aclimatarse a las tierras gallegas que en noviembre de ese mismo año se especula incluso con el regreso de Milo al Mallorca. Al terminar esa temporada abandona Vigo con más pena que gloria y vuelve al club en el que había debutado en España: el Mérida. En Extremadura disputa 7 partidos marcando 1 gol y aunque el Mérida termina ascendiendo a Primera División, él abandona el club a mitad de temporada debido a sus malas relaciones con su entrenador Sergio Kresic, para irse a jugar a la Primera División de México, al Escuela Club América, en donde juega 7 partidos anotando 1 gol. La temporada 1997/1998 vuelve a España para jugar su última temporada como jugador profesional en el Villarreal CF donde disputó tan solo 4 partidos sin anotar ningún gol. El 29 de diciembre de 1997 se desvinculó del club castellonense, al dejarle claro el entrenador Irulegui que no iba a contar con él, y abandonó la práctica profesional. En total, en sus 381 partidos disputados como profesional consiguió anotar 115 goles.

Una vez finalizada su etapa como jugador se instaló en Mallorca y, años después, inició su periplo por los banquillos entrenando en su país al FK Zeleznik, FK Rudar Pljevija, FK Radnicki Obrenovac y al FK Smederevo. La temporada 2008/2009 está entrenando al Mérida UD de Segunda División B.

1 comentarios:

Gontxo dijo...
26 de marzo de 2009, 1:31  

Grandisimo futbolista. Uno de los primeros idolos que tuve de pequeño.

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NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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