Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio

Escrito el martes, 31 de marzo de 2009 ·

El 27 de enero de 1996 se disputaba en el Lluís Sitjar el partido de la jornada nº 22 de Segunda División entre el Mallorca y el Lleida. El Mallorca ocupaba una discreta décima posición en la tabla, muy lejos de las previsiones iniciales y llegaba al partido tras unos días intensos después de haber perdido el miércoles anterior en el campo del Écija 1-0 y haber destituido, el Presidente Beltrán, al entrenador José Manuel Esnal "Mané", entre otras cosas, por no alinear al hispano-alemán Paco Copado. Víctor Muñoz Manrique se había hecho cargo del equipo, pero ese día se sentó en el banquillo Damián Amer como máximo responsable al no estar arregaldo todavía el finiquito de Mané.

Para la estadística decir que ese día el Mallorca salió con Kike, Julián Ronda, Olaizola, Kientz, David, Dani, Chichi Soler, Copado, Stankovic, Morales y José María. Maqueda sustituyó a Julián Ronda en el descanso y Masic a José María en el minuto 68. El árbitro era el aragonés Bueno Grimal. No fue precisamente el 0-0 final que reflejó el marcador lo que es recordado de esa tarde en el Lluis Sitjar.

El partido se recordará siempre por la anécdota chapucera que se produjo a raíz de que en el minuto 7 el portero visitante Emilio Iserte despejando a córner un centro bombeado de un jugador mallorquinista, se colgó en el travesaño de la portería del gol sur. Travesaño que no aguantó el peso del portero ilerdense y cedió bombeándose de manera tan evidente que la portería debía ser sustituída para poder seguir jugándose el partido. En ese momento empezó el show. No había en el Lluís Sitjar una portería de recambio, así que los operarios del Mallorca debieron dirigirse al Miquel Nadal (feudo de los equipos filiales del club) y traerse una de las de allí. Sin embargo, al llegar de nuevo al Lluís Sitjar, tras mil peripecias para entrar la nueva portería en el campo, se dieron cuenta de que la portería rota estaba sujeta al terreno de juego con cemento, así que no se podía quitar. Había que arreglarla como fuera. Se buscó a un soldador que hizo lo que pudo y, finalmente, tras una hora de espera, el partido pudo reanudarse con la anuencia del colegiado y de ambos equipos.

Finalmente se pudieron disputar el resto de partidos de la temporada en el Lluís Sitjar sin mayor novedades y el Mallorca logró escalar posiciones hasta ocupar plaza de promoción. Promoción fatídica que perdió contra el Rayo Vallecano.

En la historia, antes y después, hubo otros casos parecidos al del Lluís Sitjar, veamos unos cuantos. 1 de abril de 1998, Real Madrid-Borussia Dortmund, semifinales de la Champions League, los Ultra Sur hicieron caer la portería que estaba sujeta a las redes que separaban el campo de los espectadores; se tardó una hora y cuarto en traer otra portería y sustituír la que se habían cargado los ultras. 5 de julio de 1994, México-Bulgaria del Mundial de Estados Unidos. El Mexicano Bernal se trastabilló al tratar de despejar un balón y se agarró a la red. Los soportes de la portería cedieron y fue sustituída en 8 minutos. 3 de septiembre de 1974, Zaragoza-Santos, partido amistoso, el defensa maño Ovejero en su intento por evitar el segundo gol brasileño se agarró a la red y tiró la portería; usaron 18 minutos para reparar el marco. 16 de diciembre de 1957, Betis-Extremadura, el jugador bético Del Sol se colgó del larguero tras fallar un gol y la portería terminó cediendo, un gesto del todo excesivo si tenemos en cuenta que el partido terminó con victoria bética por 7-0.

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Sobre esto

NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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