Segio Nichiporuk Kulik

Escrito el viernes, 15 de noviembre de 2013 · 0 comentarios

No tengo mucho más que añadir sobre este delantero Paraguayo/Chileno/Ruso/Ucraniano que fichó Miguel Contestí para el Mallorca en el mercado de invierno de la temporada 82/83 para sustituír a Kustudic que lo que él mismo le contó al periódico chileno "El Mercurio" en mayo de 2000. Así que si él mismo se considera uno de los héroes del ascenso de 1983, para qué le vamos a quitar nosotros la ilusión, ¿verdad?

"Sergio Nichiporuk: La historia de un hombre feliz

La vida del entrenador paraguayo de Santiago Morning no ha sido un lecho de rosas. El drama, los momentos oscuros y el sufrimiento han marcado una trayectoria que ya goza los primeros éxitos. Ganándose el respeto a punta de trabajo y éxitos, lo del ruso es un cuento que merece ser contado. "Mi padre, Sergio, era ruso y mi madre, Anastasia, es ucraniana. Huyeron para no vivir la Segunda Guerra Mundial y junto a mi abuelo Nicolai se fueron a Paraguay. En la casa, aún hoy, hablamos todos en ruso, aunque ya me he olvidado casi todo ahora que llevo veinte años en Chile. Allá, cuando voy de vacaciones, me dicen el gringo, y acá sigo siendo un extranjero. Lo he sido siempre, y ya ni siquiera me llama la atención.
Fueron colonizadores en Itapúa, cerca de Encarnación, a 180 kilómetros de las cataratas y les costó muchísimo, porque era casi selva virgen, donde había que limpiar el terreno botando árboles para luego sembrar y criar el ganado. Una vida durísima, donde desde muy niño tuve que cosechar el algodón y hacer las tareas propias del campo.
Cuando iba a la escuela me empezó a gustar el fútbol. No era muy bueno para los estudios, pero a la pelota le daba duro. Soñaba con ser futbolista, porque el campo no me gustaba y quería salir del país. Pronto, a los 15 años, me metí al Paraná, un equipo de la ciudad donde mi papá era dirigente. Me llamaron a la selección de mi región donde me tomó un empresario que me llevó al club Nacional, de Asunción, en 1975.
Después pasé a San Lorenzo, también de la capital, donde jugué hasta que un día llegó Manuel Rodríguez Vega, que dirigía a Ñublense de Chillán, quien conversó conmigo después del partido. Me dijo que necesitaba un delantero centro para su club y sin pensarlo dos veces me vine a Chile en 1980.
Salí goleador del campeonato de Segunda División, por lo que me contrataron primero de Wanderers y luego de Iquique (donde fui goleador del Torneo de Apertura). Me contrataron desde el Mallorca de España donde salí campeón de la Segunda división y volví a Magallanes en 1984, para integrarme a ese equipo que jugó Copa Libertadores de América. Era la mejor etapa de mi carrera, sí señor, cuando vino la primera desgracia. Me fracturé de tibia y peroné.
Yo tuve mala suerte como futbolista, porque cada vez que parecía que mi carrera tomaba vuelo, venía algo que me frenaba. Tras pasar un año recuperándome, me lesioné de nuevo. Recién pude volver a fines del '86 en La Serena, donde jugué algunos meses antes de irme al Atlante de México. Me fue bien, pero volví a Lota Schwager, que tenía buen equipo ese año, pero apenas llegado me fracturé una costilla y, cuando recién tenía 30 años, decidí retirarme. Me fui del fútbol, amargado porque siempre pensé que pude dar más de lo que finalmente dí".
El empresario
"Me compré una micro en Concepción para ser empresario, pero yo quería seguir ligado al fútbol. Vine a Santiago para seguir los cursos de iniciador y monitor y es allí cuando Roberto Hernández me invita a trabajar en Municipal Las Condes.
Me tuve que traer la micro, pero al comienzo fue difícil porque Roberto no sólo me pidió que lo ayudara con el primer equipo, sino que además con la escuela de fútbol y que jugara los domingos.
Trabajaba como enfermo. Dormía dos o tres horas diarias. Me levantaba a las cuatro de la mañana para tomar postura con la máquina. Salía a las cinco y cuarto y a eso de las once u once y media cambiaba el turno con el chofer y cargaba petróleo. El resto del día trabajaba en la cancha con el Municipal o la Escuela de Fútbol. En la noche esperaba que llegara la micro y le cambiaba el aceite para ahorrar o le regulaba los frenos. Me dormía a la una o dos de la mañana y al rato ya estaba levantado de nuevo.
Fueron tres años de sacrificio duro. Por eso hoy, cuando se habla de trabajo, nadie me puede dar clases, porque la vida es difícil y hay que ponerle el hombro para dejar de ser un mediocre. Hoy tengo tres máquinas y una casa, gracias a lo que hice en esos años".
El entrenador
"Fue ahí donde decidí independizarme, porque Roberto se fue a La Serena. Me fui a Cuarta División, a dirigir a Santa Cruz de Peñalolén, donde fui considerado el mejor entrenador de la serie. No teníamos cancha de entrenamiento, así es que teníamos que correr alrededor de una piscina en el parque para prepararnos.
Volví a Municipal Las Condes, a la Tercera División, donde ganamos todo, pese a que tuvimos problemas serios porque los dirigentes armaron un plantel muy grande y después no pudieron asumir los costos. Muy poca gente dio la cara, pero llegamos a la liguilla en Linares y, pese a que la perdimos, otra vez me eligieron el mejor entrenador.
En 1995 llegué a Cobresal y me fue muy bien. Estuvimos a un punto de ser campeones porque en Arica teníamos que ganar y sólo empatamos, por lo que el ascenso directo fue para Audax y Wanderers. En 1996 debimos subir, pero nos quitaron tres puntos por secretaría y en la liguilla otra vez no pudimos.
Me fui a Concepción, en la Primera División donde salí cuarto en el Apertura, con una plantilla muy baja. Pero me gustaba el desafío y acepté. Pudo habernos ido mejor, pero me vino el drama personal".
La pena honda
"Me nació una niña con síndrome de Down y otra se me murió sorpresivamente. Estuve muy mal, muy mal. Me quedé sin motivación, me costaba todo. Debo ser honesto y decir que la vida me importaba poco, que abandoné la actividad. En el torneo de Clausura logramos salvarnos apenas.
Yo sabía que no podía seguir, que no estaba bien, pero me llamó Ricardo Sobarzo, el presidente de Cobresal, para decirme que la tercera iba a ser la vencida. Honestamente, no tenía otra posibilidad en la vida. Estaba metido en la fase más negra de mi existencia y me fui de inmediato a una ciudad que conocía y a un club que quería mucho.
En 1998 subimos y debo decirle que fue la alegría más grande de toda mi vida. Fuimos campeones y lográbamos un objetivo que era perseguido con fervor por la gente. Nadie quiere ir a El Salvador y mantenerse en el profesionalismo cuesta mucho. Por eso se valoró tanto esa conquista que, desgraciadamente, se esfumó al año siguiente.
De repente hubo momentos muy amargos. De mucha soledad. Noches que parecían interminables e increíblemente tristes. Me quería ir porque todo lo que me rodeaba era dramático. A eso se sumó la enfermedad de mi padre, en Paraguay, a quien tuve que acompañar en sus últimos días y a eso se sumaron algunos problemas con el plantel y decidí irme. Partir. No quiero hablar más de eso porque es una etapa muy dolorosa en lo personal y lo profesional, pero el club finalmente se fue a Segunda después de una primera rueda muy buena y yo, tras el fallecimiento de mi padre, retorné a La Serena pensando que se venía un receso largo".

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Claudio Fabián Otermín

Escrito el viernes, 17 de febrero de 2012 · 2 comentarios

Posiblemente nuestro personaje de hoy no les suene de nada. Pero también hay que decir que, posiblemente, sea uno de los jugadores "récord" del Mallorca. Nacido en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, el 18 de marzo de 1961, Claudio Fabián Otermín era el típico delantero centro robusto, fuerte, tanque, ariete. En fin, pongan ustedes todos los tópicos que vienen al caso cuando describimos a un jugador más fisico que técnico.

La temporada 1982/1983 estaba resultando excelente para el Mallorca de Miquel Contestí y Lucien Müller. Si bien no era una autopista hacia la Primera División, bien es cierto que desde el principio el Mallorca se destacó como uno de los claros favoritos al ascenso. Los fichajes de Zuviría (del F.C. Barcelona), Sabido (del Real Madrid), López (del Real Betis) y otros como Melchor, Juanito, Nichiporuk o Mallo; junto a la irrupción desde la cantera de un jovencísimo Paco Higuera, habían convertido al Mallorca en uno de los equipos a batir. Tan solo la lesión de Roberto Pedro Orellana en el Trofeo Ciudad de Palma en el partido frente al F.C. Barcelona ponía el contrapunto a tantas buenas noticias.

Precisamente para sustituir al fino extremo se pensó en reforzar el equipo en enero. Visto que el hombre gol fichado en el verano, el chileno Sergio Nichiporuk no estaba ofreciendo el rendimiento deseado, el Mallorca se lanzó a la contratación de otro delantero centro. Las redes del Mallorca se fueron de nuevo hacia sudamérica. El elegido fue nuestro personaje de hoy. Crecido futbolísticamente en el Club Atlético Sarmiento de Junin, club en el que debutó en el profesionalismo también Daniel Alberto Passarella, y que a principios de los 80 estaba viviendo su mejor época de toda la historia disputando el campeonato de Primera División. Con la casaca de los verdes de Junín Otermín habia debutado en 1980 y disputado 48 partidos anotando únicamente 2 goles. Otermín llegó a Mallorca en enero de 1983 y, nada más aterrizar hizo las declaraciones más intrascendentes de la historia: "tengo pocas referencias del Mallorca, vengo a colaborar en el ascenso del club". Su debut con la casaca bermellona tuvo lugar en un partido amistoso contra el Charlton Athletic disputado el jueves 27 de enero, que el Mallorca ganó por 4-2 sin que nuestro personaje de hoy anotara ningún gol en los 20 minutos finales que disputó en sustitución de Nichiporuk. Un Charlton en el que, por cierto, jugaba Allan Simonsen tras haber abandonado el F.C. Barcelona.

Su debut en la liga estaba a expensas de arreglar sus papeles como oriundo. Oriundo quiere decir que tenía algún ascendiente español que le permitía no ocupar plaza de extranjero. Casos muy curiosos se dieron en este tipo de jugadores que, recién aterrizados en la madre patria no tenían reparos en declarar que "mi abuelo era de Celta" o "tengo familia española de Osasuna". Finalmente se pudo producir su debut el 6 de marzo, aprovechando la sanción de Sergio Nichiporuk por su expulsión de la semana anterior en el campo del Elche, Claudio Fabián Otermín disputó los 90 minutos del partido que el Mallorca y el líder Real Murcia disputaron en el Lluís Sitjar y que finalizó como había empezado. En ese partido de su debut recibió una tarjeta amarilla y un severo marcaje del central pimentonero Vidaña que no le dejó rascar bola. Su momento de gloria en el Mallorca llegó el 20 de marzo, cuando aprovechando un centro medido desde la banda izquierda de Juanito I remató de cabeza y el balón se inscrustó en el fondo de las mallas de la portería del Jerez Deportivo. Ese era el segundo gol de la tarde de un partido que el Mallorca venció por tres a cero. Fue su único gol con la camiseta bermellona. En total Otermín disputó 5 partidos, 4 de ellos completos, para un total de 434 minutos disputados. Su récord particular es el de no haber conocido la derrota con la casaca del Mallorca (empate frente al Murcia y victorias ante el Atlético Madrileño, Jerez Deportivo, Alavés y Oviedo). Siendo malos se podría decir que marcó tantos goles como el portero suplente de esa temporada, Ramón Reus, pero vamos a evitar maldades innecesarias en este blog.

Sin embargo, muy pronto, a mediados de abril, ya se cuestionaba su fichaje como "tanque" que aún tenía que demostrar su valía. Visto su escaso rendimiento se le dio de baja a finales de ese mismo mes para volver a inscribir a Roberto Pedro Orellana, que disputó los cuatro últimos partidos de la competición que acabó con el ascenso en el Bernabéu.

Su trayectoria como jugador, tras abandonar el Mallorca, no es que esté plagada de éxitos precisamente. La temporada 83/84 fichó por el equipo argentino Nueva Chicago donde anotó 3 goles en 37 partidos, pero en enero de 1984 se fue a Chile a jugar en O'Higgins. Allí estuvo hasta el final de la temporada 84/85. Luego firmó por Gimnasia y Esgrima de La Plata, donde estuvo la temporada 85/86 jugando 18 partidos y anotando 2 goles. En el verano de 1986, más maduro, decidió volver a cruzar el charco y probar fortuna en Europa. Estuvo a prueba en el Real Valladolid, que descartó su fichaje y acabó en la Segunda División francesa, en el Istres, donde coleccionó 15 partidos y 1 gol. Allí solo estuvo un año, pasando después al Angouleme de la Tecera categoría francesa. Allí estuvo hasta 1990. Entre 1992 y 1993, a su vuelta a Argentina, jugó en equipos menores como Aldosivi y Boca de Bragado, donde podría haberse retirado en 1993. En sus diferentes equipos argentinos disputó 100 partidos y consiguió 13 goles. Así que un gran delantero, con los números en la mano, tampoco es que fuera.

Tras abandonar su carrera como jugador le picó el gusanillo del banquillo. Otermín ha dirigido equipos de las categorías de ascenso en Argentina (Deportivo Merlo, Italiano, Once Tigres y Barracas Central) y también en Ecuador equipos como El Linqueño o el Centro Deportivo Olmedo. En la temporada 2011/2012 se hizo cargo del banquillo del Sportivo del Campeonato Argentino B

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José Alberto Izquierdo Valentín

Escrito el jueves, 3 de febrero de 2011 · 1 comentarios

22 de mayo de 1983, treinta mil espectadores del estadio de Riazor en la Coruña están viviendo un funeral entre incrédulos e indignados por la derrota que ha sufrido su Depor frente al Rayo Vallecano que le priva del ascenso a Primera División en favor del Mallorca que también ha perdido 1-0 en el Santiago Bernabéu ante el Castilla. Pero no todo el campo es un funeral, hay dos jugadores franjirojos que pueden estar especialmente contentos (aunque ellos aún no lo sepan) en el estadio deportivista. Son Jesús García Jiménez y José Alberto Izquierdo Valentín.

Las malas lenguas dicen que, como premio por su victoria en Riazor, el Mallorca los fichó a ambos en el tórrido verano de 1983 ofreciéndoles un contrato de cinco temporadas. Para hacerlo abonó 15 millones al Rayo Vallecano. José Alberto Valentín Izquierdo, había nacido en Madrid el 11 de abril de 1960. Formado futbolísticamente en el Carabanchel, era el lateral derecho titular del equipo de Vallecas. Inconfundible por su frondosa barba se encontró durante su primera temporada con el lateral derecho "tomado" por el Torito Zuviría, así que tuvo que buscarse un hueco en el lateral zurdo del once de Koldo Aguirre (y luego Marcel Domingo) a pesar de ser diestro cerrado. Su rendimiento individual estaba siendo excelente e incluso se estaba rumoreando en Palma una inminente convocatoria para la selección nacional. Para los que no llegaron a verlo jugar era una versión "antigua" de Olaizola: férreo marcador, no exento de velocidad, que se encontraba muy incómodo en el campo contrario. Había disputado 23 partidos, todos como titular, cuando en el mes de febrero de 1984 fue sometido a una revisión por los médicos del club. Se le efectuaron unos electrocardiogramas en la Policlínica Miramar y en estos se observaron unas anomalías cardíacas. El doctor Dalmau, de la Policlínica Miramar manifestaba que "el jugador acudió a la clínica por un problema muscular sin demasiada importancia. Observada esta anomalía, que parece ser una enfermedad cardíaca, se le ha ordenado reposo absoluto en espera de próximos cardiogramas". Izquierdo se fue a Madrid a realizarse más pruebas y exámenes de la mano del doctor Asín Cardiel y, las noticias que llegaban los primeros días eran de una posible reincorporación inmediata del bravo lateral mallorquinista a los entrenos, pues aún sin conocer los resultados oficiales de las pruebas el citado doctor le habría comentado a Izquierdo que "por ahora tiene un noventa por ciento de posibilidades de volver a jugar al fútbol". El viernes 24 de febrero de 1984 le realizaron una prueba concluyente de esfuerzo con bicicleta. El resultado definitivo se conoció el 5 de marzo y el doctor Cardiel era tajante: "Alberto Izquierdo no podrá jugar más al fútbol. Tiene unas alteraciones en el corazón en mayor grado que la del resto de deportistas que le harían correr riesgos en caso de que siguiera entrenando o practicando deporte de competición. Por ello se aconseja que el jugador deje el fútbol, pudiéndose replantear este hecho en caso de que próximas pruebas a realizar en un futuro den resultados más esperanzadores". Izquierdo, por su parte, entre resignado y luchador decía que "me gustaría seguir jugando al fútbol, pero no lo haré si en ello corre riesgo mi vida". José Alberto Izquierdo, conocido en el gol sur como "El Turco", había disputado su último partido el 12 de febrero de 1984, en la victoria por 3-0 frente a Osasuna.

El Mallorca acabó descendiendo a Segunda División, pero Izquierdo ganó su batalla particular contra la dolencia cardíaca que le afectaba. El 26 de abril de 1985 saltaba la noticia de que podría volver a jugar al fútbol tras haber estado más de un año inactivo a causa de una cardiopatía. Había sido revisado por varias clínicas españolas e italianas y, según expresaba el doctor Casares del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona, las pruebas hemodinámicas que le habían efectuado eran positivas. En breve podría reincorporarse a los entrenamientos del Mallorca (que no le había dado de baja) y reaparecer en menos de dos meses. Aún así, como no era cuestión de acortar los plazos, no pudo jugar ni un solo minuto en la temporada 1984/1985 y su redebut se produjo el 10 de agosto de 1985 durante el Trofeo Ciudad de Palma, en el partido por el tercer y cuarto puesto frente al Sporting de Gijón. Durante esa temporada del ascenso, Izquierdo no disputó su primer partido hasta la jornada 5ª en el campo del Recreativo de Huelva. La competencia con Chano de nuevo lo llevó al lateral izquierdo durante muchos partidos y no fue hasta la recta final de la temporada que pudo jugar en el lateral derecho. Todos tenemos en la retina el partido del ascenso en Logroño y a Izquierdo con el dorsal nº 2. Esa temporada disputó 21 partidos, de los cuales 17 como titular. Vio 3 tarjetas amarillas y la única tarjeta roja de su carrera deportiva en el Mallorca.

La temporada 1986/1987, en Primera División, la famosa e histórica temporada del play-off, se hizo dueño del lateral derecho mallorquinista. Tan solo se perdió un par de partidos por una afección bronquial. En total disputó 39 partidos en los que únicamente cosechó 2 tarjetas amarillas. Su único "pero" fue formar parte del equipo que fue derrotado por 7-1 en Anoeta en el último (e intrascendente para el Mallorca) partido de la liga regular.

La temporada 1987/1988 era la última que tenía firmada como jugador mallorquinista. Antes de iniciarse la temporada las expectativas eran máximas, el Mallorca se había reforzado como nunca antes para pelear por las posiciones europeas. Nada más lejos de la realidad, claro. Izquierdo no consiguió la titularidad indiscutible en esa estrambótica temporada que finalizó con el descenso a Segunda División tras la fatídica promoción frente al Oviedo. Esa temporada Izquierdo disputó 26 partidos viendo 4 tarjetas amarillas. La temporada también fue "sufrida" para Izquierdo, al que dejaron de alinear durante un tiempo por que se dijo que ya había firmado por otro club (el Sabadell) para la siguiente temporada.

Tras el desastre frente al Oviedo el Mallorca le comunicó a Izquierdo que no contaba con él para la próxima temporada y el bravo lateral madrileño se despedía de esta forma: "Me hubiera gustado seguir aquí, son cinco años que llevo en el Mallorca y me encontraba muy a gusto aquí. Pero el fútbol es así, ya lo sé. Por eso quiero aprovechar los años que me queden e irme a un club que me pague bien". Ese club fue el Sabadell. Indicaba también que "cierto que el Sabadell anda tras de mi hace hace meses y no hay que ocultarlo, aunque me perjudicó en su día, pues fui apartado del equipo bermellón. Luego recapacitaron, les hice falta y volvieron a alinearme". Finalmente, como estaba cantado, el 9 de junio de 1988 firmó contrato con los arlequinados, que le firmaron por tres temporadas y un sueldo de 14 millones de pesetas.

Esta fue la historia mallorquinista de José Alberto Izquierdo Valentín, un jugador que tuvo que dejar la práctica del fútbol durante más de un año cuando estaba a punto de entrar en la selección española y que pudo volver a jugar tras superar sus problemas cardíacos. "El Turco" fue uno de esos primeros ídolos del gol sur del Lluís Sitjar, un jugador que por su entrega y pundonor dejó huella en todos cuantos le vimos jugar.

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Marcel Domingo

Escrito el viernes, 25 de septiembre de 2009 · 1 comentarios

Marcel Domingo, nacido en Salin de Giraud (Francia) el 15 de junio de 1924, como entrenador, era chauvinista, carismático, excelente psicólogo y buen motivador. Había entrenado al Español, Las Palmas, Lleida, Córdoba, Granada, Atlético de Madrid (con el que ganó una liga), Málaga, Elche, Burgos, Valencia, de nuevo al Atlético de Madrid, Niza y Betis. Posteriormente al Mallorca entrenó al Nimes, Arlesien y Hércules. Anteriormente a su etapa como entrenador había sido un excéntrico pero buen guardameta que defendió, siempre que podía vestido de amarillo, los palos del Atlético de Madrid y del Español.

Marcel Domingo, con 58 años de edad, es presentado como nuevo entrenador del Mallorca por lo que resta de temporada el 20 de noviembre de 1983, el mismo día que con Llorenç Serra Ferrer en el banquillo del Mallorca por primera vez el club bermellón cae derrotado por 0-2 frente al Real Madrid, al haber destituido el Mallorca a Koldo Aguirre tras perder un partido amistoso del trofeo Dijous Bo frente al Constancia por penalties. Sus primeras declaraciones no tuvieron desperdicio: "Si el Mallorca no tuviera plantilla suficiente no habría aceptado el cargo" y "Soy el mejor. Si en España los aficionados eligieran a los entrenadores, el ochenta por ciento de españoles me hubieran llamado".

Su debut en partido oficial se produjo tres días más tarde en partido de Copa del Rey contra el Barcelona Atlético en el Mini Estadi. Antes del partido Marcel declaraba que "tan solo tenemos una opción, ganar". Sin embargo ocurrió todo lo contrario, el Mallorca cayó derrotado 2-0 y eliminado de la Copa. Marcel, a pesar de todo, no lo veía negro: "puedo asegurarles que mi equipo se salvará, algún detalle habrá que corregir, pero insisto que estoy muy contento del juego de mi equipo", "yo de ustedes no enterraría al Mallorca".

Su primera alegría llega el miércoles 14 de diciembre de 1983 cuando su Mallorca consigue la primera victoria de la temporada al derrotar por 2-1 a la Real Sociedad en una noche espectacular de Barrera. Tras empatar 1-1 en el difícil campo de La Romareda Marcel decía que "nos hemos puesto al nivel de los mejores equipos de España. No creo que haya muchos que logren arrancar un empate de La Romareda". El equipo parecía estar reaccionando tras la llegada del vehemente técnico francés. Sin embargo, una semana después, en el primer partido de la segunda vuelta el Salamanca vuelve a dejar en crisis a los bermellones y Marcel Domingo finaliza una agitada rueda de prensa post-partido en el viejo Lluís Sitjar con un puñetazo en la mesa y una amenaza para los periodistas: "a pesar de todo voy a salvar al Mallorca".

Marcel Domingo era un hombre que no entendía de paños calientes y declaraba cosas impensables en el fútbol actual refiriéndose a sus propios jugadores, frases como que "la forma de entender el fútbol por parte de Estella no encaja en mis esquemas". Tras conseguir el empate a uno en el Camp Nou no tuvo reparos en declarar que si él fuera el entrendor del Barça la liga sería "un paseo, ¡oigan! un paseo". Tras empatar 1-1 en casa frente al Atlético de Madrid criticó abiertamente al portero: "A Zubeldía le ha faltado autoridad en las salidas y los despejes".

Tras una serie de empates en casa, el Mallorca vence por 0-3 en el Molinón al Sporting y el domingo siguiente frente al Valladolid se jugará uno de esos partidos denominados "finales". El Mallorca empata a uno en el famoso partido en que la pared del foso del fondo sur se viene abajo y el gol polémico del Polilla Da Silva para los pucelanos. El partido es escandalosamente mal pitado por Sánchez Molina y Marcel Domingo estalla ante los periodistas: "el arbitraje español es una mierda", "aquí los árbitros buenos solo para el Madrid y el Barcelona. ¿Y nosotros qué? ¿somos una mierda o qué?". De resultas de ese partido el Comité de Competición le puso 10 partidos de sanción, 7 por zarandear a un linier y 3 por provocar la animosidad del público. Al conocer la sanción Marcel declaró pendenciero que "si en el fútbol español no hay justicia yo me la buscaré por otro lado". El Comité de Apelación ratificó días después la sanción, con lo que Marcel debió ver desde entonces los partidos desde la grada.

El 8 de abril de 1984, tras perder por 2-0 en Málaga, el Mallorca certificó su descenso a Segunda División. Ni Marcel Domingo había podido salvarlo. El 3 de mayo de 1984 el Mallorca le comunicó oficialmente que no contaba con él para la siguiente temporada. Como no podía ser de otra forma debido a su carácter, se despidió de la isla con algunas perlitas como "cuando llegué apenas si teníamos 15 balones para entrenar y carecíamos de porterías portátiles" y "no se puede hablar de formalidad de los directivos ya que es la tercera vez desde que entreno en España que no cumplen su promesa de renovarme el contrato". Sus números en la liga con el Mallorca fueron de 3 victorias, 11 empates y 8 derrotas.

Marcel Domingo se sentó por útlima vez en el banquillo del Mallorca el 9 de junio de 1984, en el partido de vuelta de los cuartos de final de Copa de la Liga en el Nou Camp, en que el Mallorca fue derrotado por penalties por el F.C. Barcelona. Y se despidió a lo grande con un "¡No me digan que he trabajado mal! Hagan un análisis del Mallorca de Koldo Aguirre y del equipo que dejo, en plena forma. Ya estoy cansado de que no se valore mi trabajo por culpa de lo mismo: cojes un equipo malo, de pacotilla, que no vale un duro, lo transformas y nadie te lo agradece. Me ocurrió en el Betis, en el Atlético de Madrid y ahora en el Mallorca. Allí tampoco han sabido apreciar mi trabajo. Me marcho disgustado porque no se han portado bien conmigo quienes tenian que hacerlo".

Y se dio media vuelta y se alejó mientras repetía "¡Au revoire!" "¡Au revoire!" como aquél que ya nunca más ha de volver a un lugar.

Sobre él, Paquete Higuera contaba años después que "recuerdo que nos hacía correr en Santa Ponça y algunos jugadores se escondían detrás de los matorrales porque como Marcel estaba viejo, no podía seguirles. Los momentos antes de los partidos eran un verdadero show, Marcel no explicaba ninguna táctica ni nada parecido, se limitaba a decir salgan a jugar y ni siquiera daba la alineación. Había jugadores que se ponían la camiseta de titular (antes los titulares llevaban del 1 al 11) porque llegaban primero y yo, como era el más joven (apenas tenía 17 años), tenía que calentar banquillo".

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El arbitraje de Franco ... Martínez

Escrito el viernes, 3 de abril de 2009 · 0 comentarios

Quien dice que la afición del Mallorca siempre ha sido fría, se equivoca. O bien no vivió en primera persona la temporada 1983/1984. Durante esa temporada del regreso del Mallorca a Primera División tras muchos lustros sin hacerlo el Lluís Sitjar fue un hervidero cada partido y, en casi todos, había una persona de negro a la que dirigir toda la ira que daba el que los resultados nunca acompañaran.

El 2 de octubre de 1983 vivimos un ejemplo de lo anteriormente expuesto. Esa agradable tarde de otoño nos visitaba el Sevilla. Para el Mallorca la temporada se iba torciendo lentamente y aún no había sido capaz de ganar ningún partido. Koldo Aguirre dispuso que salieran de inicio los siguientes jugadores: Tirapu, Zuviría, Sabido, Dacosta, Izquierdo, Delgado, Higuera, Martínez, Juani, Verón y Barrera. A los 63 minutos Riado entró por Higuera y a los 68 Juanito por Riado, lesionado. El triste protagonista del partido fue el colegiado murciano Ángel Franco Martínez, que había hecho un arbitraje correcto hasta el tiempo de descuento. Empezó dominando claramente el Sevilla, adelantándose en el marcador con un gol de Moisés en el minuto 30 y fallando clamorosas ocasiones de gol ante Tirapu en los primeros minutos. El Mallorca consiguió empatar en el minuto 39 por mediación de Verón a pase de Juani. Solo dos minutos después, en el 41, Verón le dio la vuelta al marcador mandando a la red una combinación con Martínez (que debió ser el único pase que hizo bien en toda la temporada). Tuvo Higuera el tercero en sus botas antes del descanso, pero falló ante Buyo. Durante toda la segunda parte el Sevilla achuchó buscando el empate, pero el Mallorca defendía con uñas y dientes su primera victoria de la temporada. En el minuto 65 Serna envió a la enfermería a Riado con una entrada escalofriante que, aunque solo le reportó una tarjeta amarilla, fue posteriormente sancionada con 4 partidos de sanción por el Comité de Competición. Ruda sacó bajo palos un cabezazo de Juani con Buyo batido que podría haber significado el gol de la tranquilidad para los mallorquinistas.

Pero de la tranquilidad se pasó al escándalo en el minuto 91 cuando Franco Martínez señaló penalti a favor del Sevilla por un supuesto derribo a J. Álvarez en el área bermellona que solo él vio. Pintinho lo transformó en el 2-2 final. El público, que llenaba el Lluís Sitjar, se exaltó sobremanera y empezaron a llover objetos sobre el terreno de juego reitrándose el árbitro a los vestuarios en medio de una bronca monumental. En los vestuarios la bronca subió de intensidad y el Presidente Contestí acusó al árbitro murciano de "ladrón, Franco Martínez es un ladrón" en pleno ataque de nervios. Más de 2000 personas se quedaron en la puerta del estadio esperando la salida del colegiado para tomarse la justicia por su mano, gritando consignas tan edificantes como "a la salida del Sitjar te vamos a matar" o "aeropuerto, aeropuerto" en alusión a que hasta allí estaban dispuesto a perseguirle. El árbitro abandonó el estadio en un furgón policial por la puerta lateral sin efectuar declaraciones. Al día siguiente el Mallorca anunció que iba a mandar una carta a la Federación y a recusar a Franco Martínez. De resultas de esos incidentes el Lluís Sitjar fue clausurado por un partido y se abrió expediente sancionador a Miquel Contestí. El partido de sanción se cumplió en Ibiza, en la eliminatoria de Copa del Rey contra el Badia de Cala Millor.

La temporada anterior el Lluís Sitjar ya había sido clausurado por un partido, el último de la primera vuelta, que se disputó en Sa Pobla contra el Castilla de los Míchel, Butragueño, etc. y que se saldó con victoria mallorquinista por 3-0. Esa misma temporada en Primera, por los incidentes del partido del Valladolid que ya comenté en un post anterior volvió a ser clausurado el Lluís Sitjar, y el partido de la jornada 30 contra el Betis lo tuvimos que disputar como locales en el Mini Estadi de Barcelona, perdiendo 0-1.

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El valor de un gol

Escrito el jueves, 2 de abril de 2009 · 0 comentarios

Decía en una entrada anterior que hay partidos que marcan tendencias. Pues bien, hay otros partidos que marcan ligas, aunque en el momento de disputarse no pueda preveerse. Ese es el caso del partido que recupero hoy correspondiente a la jornada 25 del campeonato nacional de liga de Segunda División de la temporada 1982/1983 que disputábamos en Riazor el domingo 20 de febrero de 1983 a las 17 horas. El Mallorca, que iba cuarto en la clasificación con 29 puntos, se presentaba en La Coruña para jugar contra el Deportivo que iba segundo con 30 puntos, con la baja de Zuviría por acumulación de amonestaciones y de Orellana que acababa de ser dado de alta tras superar una lesión.

El estadio de Riazor presentaba una media entrada y estaba en buenas condiciones, aunque algo blando por las lluvias caídas durante la semana. El Mallorca de Lucien Muller afrontó el partido con Tirapu, Juanito Pérez, Juanito I, Sabido, Gallardo, Dacosta, Riado, López, Nichiporuk, Delgado y Barrera. En el descanso Amer sustituyó a Sabido. Arbitró el partido el cántabro Díaz Agüero que realizó un arbitraje correcto, mostrando cartulina amarilla a nuestro entrenador Muller. El Deportivo de la Coruña salió espoleado queriendo hacer olvidar a su parroquia la derrota de quince días antes frente al Palencia y fue muy superior al conjunto barralet durante los primeros setenta y cinco minutos de partido. El primer gol coruñés llegó en el minuto 29 cuando una jugada de García por el extremo fue rematada por José Luis, libre de marca. El segundo gol fue de penalti en el minuto 47, una escapada de Vicente termina siendo derribada en el área por Gallardo, el penalti se encargó de ejecutarlo José Luis. El tercer gol llegó en el minuto 62 cuando Moreno remató en plancha un centro de García. El partido de la primera vuelta en el Lluís Sitjar había terminado con ese mismo resultado, 3-0, así que, visto lo visto, los mallorquinistas se lanzaron al ataque para acortar diferencias y, de paso, poner el golaveraje a su favor. Al final lo consiguieron en el minuto 81 cuando López, anticipándose a la defensa, remató una falta botada por Barrera batiendo al portero local Jorge.

Francisco Javier López García, santanderino de Laredo, había sido fichado del Betis esa misma temporada. En el Betis había disputado 266 partidos en Primera División anotando 25 goles. En el equipo verdiblanco ganó la Copa del Rey de 1977, en cuya final marcó 2 goles y otro más en la tanda de penaltis y fue 1 vez internacional absoluto. En el Mallorca, al que llegó con 31 años, jugó 28 partidos anotando 5 goles. Al parecer se retiró al finalizar esa temporada en el Mallorca.

El Mallorca salió tras ese partido más lejos de los puestos de ascenso, pero dada la igualdad que presidió esa temporada, llegó a la antepenúltima jornada con todo a favor para ascender a Primera. Le bastaba conseguir un punto, bien en el José Rico Pérez de Alicante frente al Hércules, bien en casa contra el Cádiz. Como quiera que perdió esos dos partidos, en la última jornada tenía que igualar el resultado que consiguiera el Deporitvo de la Coruña contra el Rayo Vallecano en Riazor en el partido que disputábamos en el Santiago Bernabeu contra el Castilla. Al final igualamos el resultado (es un decir) ya que ambos equipos perdimos (1-2 el Deportivo y 1-0 nosotros, quedando para la historia los 8 minutos que pasaron entre el final de nuestro partido y el de Riazor). Con ese resultado el Mallorca y el Deportivo acabaron empatados a puntos en la tercera plaza y el gol de López en Riazor fue decisivo para determinar nuestro ascenso a Primera División. Por eso, nunca hay que despreciar el valor de un gol.

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Sobre esto

NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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