Todos tenemos un pasado oscuro

Escrito el miércoles, 25 de noviembre de 2009 · 0 comentarios

"¡Domingo, Domingo! ¡los de colorado son nuestros! ¡los de colorado son los nuestros! ¡los de colorado! ¡son nuestros!", en estos términos textuales tan exaltados se dirigía el narigón Bilardo a su fisioterapeuta en el Sevilla F.C., Domingo Pérez Mora, el 6 de febrero de 1993 cuando salió al terreno de juego de Riazor al producirse una dura entrada de Maradona a Albistegui que terminó con el jugador deportivista sangrando por la nariz. No contento con eso, cuando el fisio ya estaba de vuelta en el banquillo, le ragaló otra frase mítica "¡Qué carajo me importa el otro, pisarlo, pisarlo!"

Pues bien, alguno de nuestros ídolos en el banquillo, al parecer, en el año 1995 ya era todo lo sabio que el apodo le presupone. Esta historia viene a cuento para hacernos ver que la memoria es corta y selectiva. Empezaba un frío noviembre del año 1995 con un entrenador recién estrenado en el Mallorca. José Manuel Esnal Mané había cogido el testigo de Josean Irulegui y, como primera perla, había dejado un 0-4 en casa contra el Logroñés que, a la postre, supuso perder el golaverage directo con los riojanos y, de hecho, el ascenso directo. El miércoles después de ese grave tropiezo en casa el Mallorca debía visitar el estadio de Mestalla para devolver visita en la eliminatoria de Copa del Rey que tan a contrapelo llegaba en ese momento. Las opciones eran mínimas tras el cero a cero del partido de ida, pero había que apurarlas al máximo y, al menos, a Mané le serviría la Copa como experimento para la Liga.

Ese 8 de noviembre de 1993 era cuestión de tiempo que el Valencia marcara el gol que decantara la eliminatoria a su favor. El Mallorca de Mané se presentó al terreno de juego (comparado con esto Manzano es un suicida, ja ja ja) con Kike, cinco defensas, Kientz, David, Julián Ronda, Luna y Olaizola, cuatro centrocampistas, Soler, Sacarés, Maqueda y José María y un solo punta, Fortune. En el 66 Raúl reforzó la defensa al sustituír a Maqueda, en el 68 Huegún sustituyó a José María dejándonos casi sin centrocampistas y al inicio de la prórroga Vidal sustituyó a Fortune. Así pues era cuestión de tiempo perder el partido. Sin embargo el Valencia de Luis Aragonés, que daba cancha libre a algunos de sus suplentes para que se reivindicaran, no conseguía traspasar la poblada línea defensiva mallorquinista. Tan solo un remate de Mijatovic a la escuadra de Kike en el 27 de la primera parte se cita como jugada reseñable. El árbitro del encuentro era el extremeño Carmona Méndez, más conocido como paloma que como halcón de altos vuelos, por eso extraña que mostrara tarjeta amarilla a Julián Ronda en el minuto 4 y luego, hasta cierto punto del partido, todas fueran para jugadores valencianistas: Viola en el minuto 40, Engonga en el minuto 55, Otero en el minuto 76 y de nuevo Engonga en el 80, por lo que fue expulsado.

Es en ese momento en el que, totalmente fuera de sí, Luis Aragonés grita desde el banquillo a Carmona Méndez aquello de que "¡nosotros somos el Valencia!", la alcachofa de un periodista radiofónico caza las palabras al vuelo, son innegables. Y lo malo no es hablar, lo malo es que, desde ese momento el árbitro empieza a barrer hacia casa: tarjeta amarilla a Sacarés en el minuto 84, a David en el minuto 97 y roja directa a Julián Ronda en el minuto 107 (vale, en esa jugada también expulsó al valencianista Viola).

Fortune tuvo en sus botas el 0-1 que nos daba la eliminatoria en el último minuto del tiempo reglamentario, pero tras quedarse mano a mano frente a Zubizarreta, le envió mánsamente el balón a las manos. El partidó y la prórroga terminaron con empate a cero y tuvo que decidirse la eliminatoria en los penaltis. En la portería contraria a la de tanda de la final de Copa de 1998, fondo de los seguidores ultras del Valencia, por supuesto. Y eso que tener a Zubizarreta delante parecía toda una garantía de éxito, pues su fama como parador de penalties era nula, vamos, que se los colaban todos. Pero ese día no fue así. Anotaron para el Valencia Mendieta, Mijatovic, Gálvez e Iñaki (fallando Poyatos) y por el Mallorca tan solo consiguió anotar Sacarés, fallando Soler y Huegún. 4-1, a casa y Don Luis Aragonés tan contento.

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El gol de Diego

Escrito el martes, 24 de noviembre de 2009 · 1 comentarios

No me refiero a ningún gol de Diego Armando Maradona contra el Mallorca ni de Diego Tristán (aunque su gol en el Amsterdam Arena igual vale un post), es otra historia. El domingo 22 de octubre de 1995 se disputaba la octava jornada del camponato de Segunda División y el Mallorca, que pese a que no acababa de arrancar en casa donde en tres partidos disputados ya había empatado uno y perdido otro ocupaba el cuarto lugar de la tabla clasificatoria, recibía la visita de la U.D. Almería. El entrenador del Mallorca, José Antonio Irulegui empezaba a ser cuestionado por el Presidente Beltrán y no se tenía mucha fe en que supiera conducir el Ferrari que le habían puesto a su disposición. Tozudo en sus primeras alineaciones, poco a poco fue encontrando acomodo para algunos de los jugadores que había fichado Beltrán casi el último día de plazo. Semanas antes había salvado un primer match-ball derrotando por 1-3 al Villarreal, pero no iba a durar mucho más como inquilino del banquillo mallorquinista.

Como decía, ese domingo, ante unos nueve mil expectantes espectadores que no sabían si aplaudir o si decepcionarse ante el enésimo proyecto desmoronándose, Irulegui alineó de entrada a Kike, Olaizola, Julián Ronda, Limperger, Sacarés, David, Kientz, Soler, Maqueda, Vidal y Huegún. Muy pronto, en el minuto 13, Huegún se produjo una herida en la boca y tuvo que ser sustituído por José María, en el minuto 73 el sudafricano Fortune sustituyó a Vidal. Hablan las crónicas de una primera parte horrible, y así fue, para qué negarlo. Ni siquiera yo logro recordar ni una jugada de esa primera parte digna de mención. En la reanudación Maqueda y Kientz tuvieron las mejores oportunidades, pero el acoso local resultaba estéril ante la meta del guardameta almeriense Julio Iglesias.

El árbitro del encuentro era el aragonés Villacampa Duque y, si bien su actuación estaba pasando desapercibida (como el partido en general), al llegar a los últimos cinco minutos empezó el show. En el 85 se produce un penalti clarísimo sobre Fortune que el árbitro no pita y, en el contragolpe siguiente, el delantero almeriense Diego se planta ante Kike en la portería del gol norte del Lluís Sitjar, lo regatea hacia afuera, hacia la tribuna cubierta, pero golpea el balón demasiado fuerte en su intento de superar al portero y este sale un metro por la línea de fondo. Kike Burgos se queda parado esperando a que el árbitro pite señalando el correspondiente saque de meta y Diego, viendo que el árbitro no pita, regresa al campo con el balón, sigue su carrera remontando unos metros la línea de fondo y marca a portería vacía. La incredulidad es total cuando Villacampa Duque, "ayudado" por su juez de línea (en aquél entonces aún no eran árbitros asistentes), decretan la legalidad del gol. Las consiguientes protestas solo trajeron una retahíla de tarjetas amarillas para los jugadores bermellones. Al día siguiente, una vez digerida la jugada, Irulegui declaraba que "ayer estaba cabreadísimo y hoy no va a ser menos", "no nos pitó tres penaltis y además dio un gol que, cuando lo haya visto por televisión no debe esperar a que le sancionen sino que debe autocastigarse". Con ese "savoir faire" en los terrenos de juego no es raro que Villacampa Duque terminara haciendo carrera en la política y que, en la actualidad, sea uno de los concejales del P.P. del Ayuntamiento de Huesca.

Ese mismo miércoles el Mallorca y el Valencia de Luis Aragonés (muy famosas y sangrantes unas frases suyas dirigidas durante esa eliminatoria hacia el árbitro captadas por una emisora de radio y que dan para otro post) empataron a cero en partido de Copa del Rey, el domingo siguiente el Mallorca perdió por 3-2 en el campo del Leganés y José Antonio Irulegui fue cesado el lunes por la noche después de que hubiera estado todo el día ilocalizable, de excursión por Formentor.

Más triste es pensar que, con ese punto que nos robaron, el Mallorca habría terminado la competición con 70 puntos, habiendo adelantado al Logroñés en la tabla clasificatoria por un punto y ascendido a Primera División directamente, mientras que el Almería se habría salvado igualmente a pesar de haber acabado empatado a 42 puntos con el Sestao por superarle en el golaverage particular.

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Mallorquines en el campo

Escrito el jueves, 15 de octubre de 2009 · 2 comentarios

Al filo del post publicado por Maura en su blog, he estado tirando un poco de estadísticas y, salvo error o equivocación he llegado a la conclusión de que el número máximo de jugadores nacidos en Mallorca (o asimilados a haber nacido en Mallorca, como Julián Ronda, que a nadie se le ocurriría decir que no es mallorquín pese a haber nacido en Francia) que ha habido en una alineación del Mallorca, desde principios de la década de los ochenta, ha sido de 6.

Mis pesquisas me tenían que conducir, preferentemente, a la temporada 1994/1995, con una plantilla repleta de jugadores mallorquines en Segunda División. Y allí he encontrado que el 21 de mayo de 1995, en partido celebrado en el Lluís Sitjar contra el Toledo que finalizó con empate a un gol, Josean Irulegui alineó a Prats, Julián Ronda, Raúl, David, Soler y Vidal; junto a Limperger, Ángel Luis, Bogdanovic, Edu Arnau y Milojevic. Ese partido ostenta, sin embargo, otro récord y es que acabaron 8 jugadores mallorquines sobre el rectángulo de juego ya que Óscar sustituyó a Limperger y Josemi a Bogdanovic. Que serían 9 si contamos al guardamenta toledano Villalvilla.

En realidad 6 mallorquines fueron alineados varias veces más entre las temporadas 1993/1994 y 1994/1995, pero nunca acabaron 8 mallorquines en el campo como ese día.

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Una de laterales derechos

Escrito el domingo, 13 de septiembre de 2009 · 2 comentarios

El Mallorca había entrado en una profunda crisis durante la temporada 1994/1995, habiendo quedado muy lejos de los puestos de ascenso a Primera División. En el inicio del verano de 1995 el club estaba preparando otro proyecto poco ambicioso con Josean Irulegui como entrenador. Por eso, el fichaje del vasco Javier Olaizola el 14 de julio de 1995 por dos temporadas, procedente del Eibar, con un paso anterior por el Burgos en donde había debutado en Primera División, pasó casi desapercibido en los mentideros futbolísticos. Se suponía que venía a disputarse la titularidad con Julián Ronda, pero que la lucha iba a estar muy nivelada. Y, sobre todo, que ambos eran jugadores de segunda fila. En resumen, un fichaje nada ilusionante que, en su presentación, no dejó más que los tópicos habituales de los futbolistas recién llegados "el objetivo del Mallorca no puede ser otro que la Primera División y yo soy un hombre ambicioso".

La temporada 1995/1996 se hizo con la titularidad, pero ni siquiera el desembarco del Grupo Z, con Beltrán a la cabeza y multitud de jugadores hicieron posible el ascenso a Primera División. Sin embargo su duelo con Julián Ronda fue vencido con rotundidad por el vasco, 34 partidos jugados por 20 del mallorquín.

La temporada 1996/1997, la del histórico ascenso en Vallecas, a Javier Olaizola le cambiaron la pareja de baile. Ese año debería ganarse el puesto ante el experimentado Luis María López Rekarte. Y de nuevo salió victorioso del desafío ya que acumuló 31 partidos jugados por 11 del ex del F.C. Barcelona, convirtiéndose en una pieza clave del ascenso. Algunos partidos, el entrenador Víctor Muñoz apostó por una alineación más ofensiva, jugando José Manuel Colmenero como lateral, pero, incluso esos días, Olaizola seguía jugando, aunque en el puesto de central.

La temporada 1997/1998, con Cúper al frente del equipo, Olaizola encontró una "autopista" en su puesto ya que al principio de esa temporada era el único lateral derecho específico que había, aunque Mena, Eskurza o Paco Sanz pudieran desempeñarse en esa posición. En el mercado de invierno llegó el serbio Milan Milijas, procedente del Zemun de Belgrado por 250 millones de pesetas, para competir con el vasco. Un fichaje que el mismo Cúper se encargó de descalificar antes de llegar "yo no he pedido a ese jugador". Sin embargo el lateral derecho estuvo ocupado en 37 de los 38 partidos por Olaizola y, el único partido que se perdió, su puesto fue ocupado por Mena.

La temporada 1998/1999 Olaizola ya era de los jugadores más queridos por la afición. Y demostró que no iba a ser nada fácil quitarle el sitio. De hecho, al principio de la temporada volvía a ser el único lateral derecho específico, ya que a Milijas se le había dado pasaporte durante el verano hacia Málaga. Así que nuevamente se vio el Mallorca necesitado de firmar otro lateral en el mercado de invierno. Y esta vez lo encontró en Italia, concretamente en Udine, donde estaba Mauricio Héctor Pineda, mundialista con Argentina el año anterior en Francia, competición en la que, incluso, logró anotar un gol. Pineda debutó en el lateral derecho el 7 de febrero de 1999 en Montjuic por la acumulación de amonestaciones de Olaizola. Y aunque tuvo tres apariciones más con el conjunto bermellón, esa fue la única vez que usurpó el lateral derecho a Olaizola. El resto de partidos los disputó, bien como lateral izquierdo, bien como interior. Y si alguna vez le daba a Cúper por ser más arriesgado poniendo a Lauren de lateral, Olaizola se desplazaba al centro de la derfensa antes que al banquillo. Así pues, a final de temporada, Olaizola disputó 36 partidos y Pineda 4.

La temporada 1999/2000 el Mallorca de Fernando Vázquez (mejor no tener en cuenta los dos partidos de Mario Gómez) se vio en la necesidad (ejem) de fichar otro lateral derecho para el banquillo. Y esta vez el elegido fue el deportivista Armando Álvarez, que nuevamente tuvo que claudicar ante el vasco Olaizola. Olaizola, capitán del equipo, participó en 37 partidos por 17 de Armando. El reinado de Olaizola en el lateral derecho no parecía tener fin.

La temporada 2000/2001, con Luis Aragonés en el banquillo, de nuevo se vivió el mismo duelo entre Olaizola y Armando, siendo de nuevo el gran capitán el ganador por una abrumadora diferencia de 36 partidos jugados contra 14 del de Colmar (Francia). Ni que decir tiene que Olaizola, a parte de capitán, era ya ídolo de la afición mallorquinista por su raza, pundonor, sacrificio y, sobre todo, por ser uno de los pocos defensas de la liga española al que le cometían más faltas de las que cometía.

La temporada 2001/2002, con Armando Álvarez haciendo las maletas hacia la capital para jugar en Segunda División con el Atlético de Madrid, Olaizola, en el Mallorca de Krauss, Kresic y Llompart, siguió en la titularidad cómodamente. No tenía el Mallorca en su plantilla recambio efectivo en el lateral derecho y, los pocos partidos que no disputó Olaizola, se tuvo que inventar un lateral, bien con Cristian Díaz a pierna cambiada, bien con Campano retrasando su posición. Así pues Olaizola disputó 34 partidos sin competencia.

La temporada 2002/2003 supuso la llegada de Gregorio Manzano al banquillo mallorquinista en su primera época. Y, de paso, el inicio del fin de dos mitos. Tanto Olaizola como Miquel Soler dejaron de contar para el de Jaén, prefiriendo en sus posiciones a dos nuevos fichajes como David Cortés y Poli Fernández. Por supuesto que esta decisión acarreó muchísima polémica durante toda la temporada. Polémica que se cerró gracias al regular (¿irregular?) rendimiento en la liga y la Copa del Rey levantada en Elche por primera vez en la historia. Ese día Olaizola, que no jugó ni un minuto, se sintió ninguneado por Nadal quien, a la hora de levantar el trofeo, llamó antes a Chichi Soler para ayudarle que a él. Tampocó ayudó nada la lesión que se produjo Olaizola a principios del mes de diciembre, una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda, tras caerle encima MakaayCortés disputó esa temporada 30 partidos y Olaizola 12. No había demostrado Cortés ser mejor que el vasco, en todo caso más desordenado, más rápido, pero peor defendiendo. Aunque Manzano no lo entendió así y le dio la titularidad al pacense.

La temporada 2003/2004 fue la última de Olaizola en el Mallorca. Luis Aragonés, en su segunda etapa en el Mallorca, sustituto de Jaime Pacheco, refrendó la decisión que un año antes había tomado Gregorio Manzano y le otorgó la titularidad a David Cortés. De esta forma Cortés disputó 32 partidos y Olaizola 15.

Asío fue como, el 14, el gran capitán, él vasco, Javier Olaizola Rodríguez, con 34 años y 272 partidos de liga jugados con el Mallorca, finalizó su carrera profesional. En su lucha particular por el lateral derecho batió a Julián Ronda, López Rekarte, Milijas, PinedaArmando. Solo David Cortés y la necesidad de rejuvenecer la plantilla (sic) consiguieron dejarle en el banquillo, en una de las decisiones más polémicas de la última década en el seno de la familia mallorquinista

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Historieta en Almendralejo

Escrito el viernes, 15 de mayo de 2009 · 1 comentarios

La temporada 1994/1995 fue la peor de la década de los 90 para el Mallorca. Como siempre, se había confeccionado una plantilla para ascender a Primera División, con una mezcla de jugadores veteranos como Serna, Mino y Orejuela con nuevas promesas como Ángel Luis, Juanjo o Edu Arnau. La primera semana de febrero de 1995 había resultado bastante movidita. El domingo 29 de enero el Mallorca había cosechado una derrota muy dolorosa frente al Athletic B por 4-3, en un partido en que la defensa mallorquinista hizo aguas por todos lados y solo se maquilló el resultado al final con tres goles en los últimos diez minutos realizados por Milojevic (dos) y Juanjo. El equipo de Nando Pons no funcionaba y el Presidente, Miquel Dalmau, salió a la palestra realizando unas declaraciones en las que criticaba abiertamente el sistema defensivo del equipo. Sin dar nombres estaba cargando las tintas contra Mino y Serna, que habían llegado para apuntalarlo y, su rendimiento, estaba dejando mucho que desear. Afirmaba el Presidente que a los jugadores "les falta concentración" y calificaba de "extraños" los cuatro goles encajados en San Mamés.

Entre medias de la semana había que finiquitar la eliminatoria copera frente al Celta de Vigo. En la ida el equipo mallorquinista había vencido 2-1 y el miércoles 1 de febrero, en el partido de vuelta, el Mallorca cosechó un empate a cero que le valió la clasificación para el siguiente turno. Un empate que se fraguó gracias a la detención de un penalti por parte del guardameta Toni Prats en la primera parte y a una concentración defensiva que distaba años-luz de la ofrecida el domingo anterior en Bilbao, a pesar de jugar los mismos cinco jugadores: Pedraza, Julián Ronda, Serna, Mino y David.

Así pues el Mallorca visitaba el Francisco de la Hera de Almendralejo el domingo 5 de febrero envuelto en multitud de dudas e incógnitas por resolver. Las declaraciones de Dalmau habían escocido y la visita al campo del Extremadura, involucrado en la lucha desesperada por no descender, se antojaba ideal para iniciar la remontada que parecía haberse vislumbrado en Vigo ante un rival de Primera División. El partido, como no podía ser de otra manera en esa temporada, fue un puro despropósito. Nando Pons alineó de entrada a Prats, Julián Ronda, David, Serna, Mino, Limperger, Orejuela, Ángel Luis, Chichi Soler, Milojevic y Vidal. También aportaron lo suyo al desastre Juanjo y Edu Arnau. El Extremadura tenía entrenador nuevo, Vicente Carlos Campillo y, desde el primer minuto se vio que volvía el Mallorca triste y ramplón de la liga. Para acabarlo de redondear todo, Mino fue expulsado en el minuto 15 por zancadillear a un contrario que iba a plantarse solo ante el marco de Prats, y no siendo suficiente castigo la tarjeta roja, Tirado batió nuestro marco al ejecutar magistralmente la falta. El Mallorca era ya un manojo de nervios preparado para explotar en cualquier momento. En el minuto 75 una rigurosa pena máxima decretada contra el Mallorca supuso el 2-0, obra de Sastre y desató la caja de pandora y un tristísimo show que tuvo como máximo protagonista a nuestro portero Toni Prats. Era imposible que el todopoderoso Mallorca fuera perdiendo y estuviera siendo humillado por unos "pueblerinos" de Almendralejo (es lo que a veces tiene la prepotencia), así que Toni Prats descargó su ira contra los aficionados locales llamándolos tal cual se ha expuesto antes y casi se lía un altercado del orden público de considerable magnitud.

Contaba Toni Prats años después que fue la falta de experiencia la que le hizo entrar al trapo con los aficionados extremeños y jugarle tan mala pasada y que incluso recordaba que, de la propia impotencia, se había echado a llorar esa tarde en el terreno de juego. El equipo se iba a pique y solo la llegada de Josean Irulegui en el mes de abril dio a la plantilla la tranquilidad suficiente como para no pensar en un traumático descenso de categoría.

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Sobre esto

NO PUEDO ASEGURAR UN RITMO CONSTANTE DE ESCRITURA, HAGO LO QUE PUEDO CUANDO PUEDO. PACIENCIA. SALUD.


Hay cosas que intento olvidar pero no puedo. Mi memoria me persigue. Soy seguidor del Real Club Deportivo Mallorca desde el año 1980. Soy tan idiota que soy capaz de recordar goles, alineaciones, partidos y anécdotas varias de todos estos años. Mi novia dice que si hicieran un concurso sobre la historia y anécdotas del Mallorca lo ganaría sin ninguna duda. Pero yo creo que hay gente que sabe mucho más que yo. Y, además, soy tan tonto que mi única pena es no haber visto jugar a mi equipo en la mítica campaña de Tercera División. Yo me incorporé en Segunda B, aunque de niño recuerdo haber visto mi primer partido en el Lluís Sitjar el 26 de mayo de 1974, un famoso (¿solo para mí?) Mallorca - 1 Burgos - 0 de la última jornada de esa temporada en el que nos jugábamos salvarnos de la promoción de descenso a Tercera Divisón. Aunque tengo buena memoria, para algunas fechas y datos tengo que tirar de hemeroteca. Espero que disfrutéis conmigo de este viaje por mi historia ...

¿Un partido memorable?

Nick Hornby, en su libro "Fiebre en las gradas", radiografió perfectamente los 7 ingredientes que un partido de fútbol puede tener para que pase a tener la consideración de memorable y pase a engrosar la lista de partidos que se recuerdan para siempre. Puede aparecer un solo ingrediente o varios juntos.
1. Goles. Tantos como sea posible que uno recuerda mejor un 7-1 que un 1-0.
2. Lamentables errores arbitrales. Y mejor que mi equipo sea la víctima de los mismos, le da más dramatismo.
3. Un público bullicioso. Por ejemplo, el calor de la grada al remontar un 0-2 es algo incomensurable.
4. Condiciones meteorológicas adversas. El barro, la lluvia, el frío extremo hacen los partidos más heróicos.
5. Que el rival falle un penalti. Y si es decisivo, mejor.
6. Que un jugador contrario sea expulsado. Siempre que no sea demasiado pronto, porque esas deslucen el partido.
7. Algún tipo de incidente desgraciado. Y aquí entramos en un resbaladizo terreno moral.

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